domingo, 11 de marzo de 2012

Retiro Cuaresmal 2012 en el Desierto de "El Bañuelo"

El próximo sábado, día 17 de marzo, de 11:00 a 17:00, vamos a tener un día de retiro y oración en el desierto de "El Bañuelo" con el fin de prepararnos interiormente para vivir esta cuaresma. Al igual que en anteriores retiros para éste sería conveniente llevar lo siguiente:

- Imprescindible llevar MUCHAS GANAS DE AMAR Y SER AMADO POR DIOS.
- SILENCIO interior y exterior.
- Biblia o Nuevo Testamento, Cuaderno, bolígrafo, rosario, etc...
- Comida: bocadillos, bebidas y si quereis, merienda.
- Algún libro piadoso o de oración para el que quiera.

La salida será desde la Parroquia Beato Álvaro de Córdoba.

Retiro Cuaresmal 2012 en el Desierto de "El Bañuelo"

El próximo sábado, día 17 de marzo, de 11:00 a 17:00, vamos a tener un día de retiro y oración en el desierto de "El Bañuelo" con el fin de prepararnos interiormente para vivir esta cuaresma. Al igual que en anteriores retiros para éste sería conveniente llevar lo siguiente:

- Imprescindible llevar MUCHAS GANAS DE AMAR Y SER AMADO POR DIOS.
- SILENCIO interior y exterior.
- Biblia o Nuevo Testamento, Cuaderno, bolígrafo, rosario, etc...
- Comida: bocadillos, bebidas y si quereis, merienda.
- Algún libro piadoso o de oración para el que quiera.

La salida será desde la Parroquia Beato Álvaro de Córdoba.

jueves, 8 de marzo de 2012

Dos Bodas de Oro en nuestra Parroquia - marzo de 2012

El pasado sabado dia 3 de marzo, celebramos la Eucaristia de accion de gracias a Dios por los 50 años de matrimonio de Antonio y Marita.
Rodeados de sus hijas, Elena, Rocio, Marisa y Adela. Sus yernos y todos sus nietos. Es siempre un gozo poder comprobar como con la ayuda de la Gracia de Dios tenemos la vida ejemplar de familias como esta.
El domingo 4 de marzo celebramos la misa de acción de gracias por los 50 años de matrimonio de Manuel y de Caro. También rodeados de sus hijos y nietos. Manuel es el responsable, junto con el párroco de la administración parroquial y además es voluntario del grupo de pastoral de la salud de la parroquia.

Nos unimos todos a la accion de Gracias de estas familias.

Tomas Pajuelo. Párroco

Dos Bodas de Oro en nuestra Parroquia - marzo de 2012

El pasado sabado dia 3 de marzo, celebramos la Eucaristia de accion de gracias a Dios por los 50 años de matrimonio de Antonio y Marita.
Rodeados de sus hijas, Elena, Rocio, Marisa y Adela. Sus yernos y todos sus nietos. Es siempre un gozo poder comprobar como con la ayuda de la Gracia de Dios tenemos la vida ejemplar de familias como esta.
El domingo 4 de marzo celebramos la misa de acción de gracias por los 50 años de matrimonio de Manuel y de Caro. También rodeados de sus hijos y nietos. Manuel es el responsable, junto con el párroco de la administración parroquial y además es voluntario del grupo de pastoral de la salud de la parroquia.

Nos unimos todos a la accion de Gracias de estas familias.

Tomas Pajuelo. Párroco

Aviso: Rosario de las 19:00 en el Beato, en directo por Radio María

Hoy jueves 8 de marzo de 2012, el rezo del Santo Rosario a las 19:00 de la tarde en nuestra querida parroquia del Beato Álvaro de Córdoba, será retransmitido en directo para toda España en Radio María.

Se podrá escuchar desde Córdoba en el 100.3 de la F.M. o puede consultarse su web donde se dispone de un listado de las distintas frecuencias para escucharla en otras provincias.

También es posible escucharla mediante este enlace: Escuchar Radio María por Internet.

Aviso: Rosario de las 19:00 en el Beato, en directo por Radio María

Hoy jueves 8 de marzo de 2012, el rezo del Santo Rosario a las 19:00 de la tarde en nuestra querida parroquia del Beato Álvaro de Córdoba, será retransmitido en directo para toda España en Radio María.

Se podrá escuchar desde Córdoba en el 100.3 de la F.M. o puede consultarse su web donde se dispone de un listado de las distintas frecuencias para escucharla en otras provincias.

También es posible escucharla mediante este enlace: Escuchar Radio María por Internet.

sábado, 25 de febrero de 2012

«Convertíos y creed en el Evangelio»

I DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Génesis 9, 8-15 // Salmo 24 // 1ª Pedro 3, 18-22 // Marcos 1, 12-15.

Queridos hermanos y hermanas:

Cartel anunciando la CuaresmaLa Cuaresma ha comenzado. El pasado Miércoles fue el de cenizas. Con este rito La Iglesia nos enseña cual es nuestra condición frente a la Grandeza Todopoderosa de Dios Omnipotente. Somos cenizas ante la Gloria de la VIDA que es Cristo. Nos queda tanto por crecer, por avanzar... Somos finitos, nuestra vida tiene un principio y un final. Al contemplar las cenizas sobre nuestras cabezas debemos tomar conciencia que antes o después, seremos cenizas. Nuestra esperanza cristiana nos abre a la vida porque sabemos que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha dado la Vida Eterna con su Resurrección. La Cuaresma es camino hasta la Pascua, camino en el que con el ayuno, la oración y la limosna alimentamos y fortalecemos nuestra vida interior.

Este primer domingo de Cuaresma escuchamos en el Evangelio como Jesús se retira al desierto, durante cuarenta días, inaugurando así la primera cuaresma, cuarenta días de desierto interior y exterior para encontrarnos con nosotros mismos a la luz del Evangelio y de la Gracia.

El Demonio aprovecha que Jesús está solo en el desierto e intenta con sus tentaciones hacerle caer. Jesucristo fue “sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero a Él no lo llevaron al pecado” (Hb.4,15). Lamentablemente a nosotros las tentaciones sí pueden llevarnos a pecar, pues éstas encuentran resonancia en nuestra naturaleza, herida gravemente por el pecado original.

No podemos pretender, entonces, no tener tentaciones. Ni siquiera podemos pretender nunca pecar, pues aun los santos han pecado y nos dice la Sagrada Escritura que el santo peca siete veces (cfr. Prov. 24, 16).

Sin embargo, la clave del comportamiento ante las tentaciones nos la da esta cita de los Proverbios: “el justo, aunque peca siete veces, se levanta, mientras que los pecadores se hunden en su maldad”. La diferencia entre el que trata de ser santo y el pecador empecinado no consiste en que el santo no peque nunca, sino que cuando cae se levanta, pero el pecador continúa sin arrepentirse y cometiendo nuevos pecados.

Nadie puede eludir el combate espiritual del que nos habla San Pablo: “Póneos la armadura de la fe, para poder resistir las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas ... Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal” (Ef. 6, 11-12).

Nadie, entonces, puede pretender estar libre de tentaciones. Es más, Dios ha querido que la lucha contra las tentaciones tenga como premio la vida eterna: “Feliz el hombre que soporta la tentación, porque después de probado recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que le aman” (Stgo. 1, 12).

Las tentaciones de Jesús en el desierto nos enseñan cómo comportarnos ante la tentación. Debemos saber, ante todo, que el demonio busca llevarnos a cada uno de los seres humanos a la condenación eterna. De allí que San Pedro, el primer Papa, nos diga lo siguiente: “Sed sobrios y estad atentos, porque el enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” (1 Pe. 5, 8).

Queridos hermanos, debemos tener plena confianza en Dios. Cuando Dios permite una tentación para nosotros, no deja que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Tenemos que saber y estar realmente convencidos que, junto con la tentación, vienen muchas, muchísimas gracias para vencerla. “Dios no permitirá que seais tentados por encima de vuestras fuerzas. El os dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir” (1 Cor. 10 ,12).

¿Cómo luchar contra las tentaciones? La oración es el principal medio en la lucha contra las tentaciones y la mejor forma de vigilar. “Vigilad y orad para no caer en la tentación” (Mt. 26, 41). “El que ora se salva y el que no ora se condena”, enseñaba San Alfonso María de Ligorio.

¿Qué hacer ante la tentación? Rechazar la tentación de inmediato. ¿Cómo? También orando, pidiendo al Señor la fuerza para no caer. Nos dice el Catecismo: “Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración” (#2849).

“No nos dejes caer en tentación”, nos enseñó Jesús a orar en el Padre Nuestro. La oración impide que el demonio tome más fuerza y termina por despacharlo. Sabemos que tenemos todas las gracias para ganar la batalla. Porque ... “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8, 31).

Y después de la tentación ¿qué? Si hemos vencido, atribuir el triunfo a Quien lo tiene: Dios, que no nos deja caer en la tentación. Agradecerle y pedirle su auxilio para futuras tentaciones. Si hemos caído, saber que Dios nos perdona cuántas veces hayamos pecado y, arrepentidos y con deseo de no pecar más, volvamos a El a través del Sacramento de la Confesión.

Está claro que sufrir la tentación NO es lo mismo que pecar. Podemos sufrir la tentación y con ayuda de la oración y de la Gracia, rechazarla y hacer el bien. Transformando así una tentación en una obra buena. Podemos, en cambio, sufrir la tentación, dejarnos llevar y caer en el pecado. De esta manera nos apartamos de Dios y necesitamos confesar.

Aprovechemos la Cuaresma para hacer desierto en nuestras vidas, orar, reflexionar, ver lo que tenemos que cambiar y ofrecerle al Señor.

Junto a la homilía aparece un simpático cartel que nos explica sencillamente el camino de Cuaresma; Todos en ese coche, usando como gasolina la oración, el ayuno y la limosna y así alimentados llegar al final del Camino donde nos espera la ¡¡¡RESURRECCION DE CRISTO, LA PASCUA!!!

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Convertíos y creed en el Evangelio»

I DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas: Génesis 9, 8-15 // Salmo 24 // 1ª Pedro 3, 18-22 // Marcos 1, 12-15.

Queridos hermanos y hermanas:

Cartel anunciando la CuaresmaLa Cuaresma ha comenzado. El pasado Miércoles fue el de cenizas. Con este rito La Iglesia nos enseña cual es nuestra condición frente a la Grandeza Todopoderosa de Dios Omnipotente. Somos cenizas ante la Gloria de la VIDA que es Cristo. Nos queda tanto por crecer, por avanzar... Somos finitos, nuestra vida tiene un principio y un final. Al contemplar las cenizas sobre nuestras cabezas debemos tomar conciencia que antes o después, seremos cenizas. Nuestra esperanza cristiana nos abre a la vida porque sabemos que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha dado la Vida Eterna con su Resurrección. La Cuaresma es camino hasta la Pascua, camino en el que con el ayuno, la oración y la limosna alimentamos y fortalecemos nuestra vida interior.

Este primer domingo de Cuaresma escuchamos en el Evangelio como Jesús se retira al desierto, durante cuarenta días, inaugurando así la primera cuaresma, cuarenta días de desierto interior y exterior para encontrarnos con nosotros mismos a la luz del Evangelio y de la Gracia.

El Demonio aprovecha que Jesús está solo en el desierto e intenta con sus tentaciones hacerle caer. Jesucristo fue “sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero a Él no lo llevaron al pecado” (Hb.4,15). Lamentablemente a nosotros las tentaciones sí pueden llevarnos a pecar, pues éstas encuentran resonancia en nuestra naturaleza, herida gravemente por el pecado original.

No podemos pretender, entonces, no tener tentaciones. Ni siquiera podemos pretender nunca pecar, pues aun los santos han pecado y nos dice la Sagrada Escritura que el santo peca siete veces (cfr. Prov. 24, 16).

Sin embargo, la clave del comportamiento ante las tentaciones nos la da esta cita de los Proverbios: “el justo, aunque peca siete veces, se levanta, mientras que los pecadores se hunden en su maldad”. La diferencia entre el que trata de ser santo y el pecador empecinado no consiste en que el santo no peque nunca, sino que cuando cae se levanta, pero el pecador continúa sin arrepentirse y cometiendo nuevos pecados.

Nadie puede eludir el combate espiritual del que nos habla San Pablo: “Póneos la armadura de la fe, para poder resistir las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas ... Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal” (Ef. 6, 11-12).

Nadie, entonces, puede pretender estar libre de tentaciones. Es más, Dios ha querido que la lucha contra las tentaciones tenga como premio la vida eterna: “Feliz el hombre que soporta la tentación, porque después de probado recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que le aman” (Stgo. 1, 12).

Las tentaciones de Jesús en el desierto nos enseñan cómo comportarnos ante la tentación. Debemos saber, ante todo, que el demonio busca llevarnos a cada uno de los seres humanos a la condenación eterna. De allí que San Pedro, el primer Papa, nos diga lo siguiente: “Sed sobrios y estad atentos, porque el enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar” (1 Pe. 5, 8).

Queridos hermanos, debemos tener plena confianza en Dios. Cuando Dios permite una tentación para nosotros, no deja que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Tenemos que saber y estar realmente convencidos que, junto con la tentación, vienen muchas, muchísimas gracias para vencerla. “Dios no permitirá que seais tentados por encima de vuestras fuerzas. El os dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir” (1 Cor. 10 ,12).

¿Cómo luchar contra las tentaciones? La oración es el principal medio en la lucha contra las tentaciones y la mejor forma de vigilar. “Vigilad y orad para no caer en la tentación” (Mt. 26, 41). “El que ora se salva y el que no ora se condena”, enseñaba San Alfonso María de Ligorio.

¿Qué hacer ante la tentación? Rechazar la tentación de inmediato. ¿Cómo? También orando, pidiendo al Señor la fuerza para no caer. Nos dice el Catecismo: “Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración” (#2849).

“No nos dejes caer en tentación”, nos enseñó Jesús a orar en el Padre Nuestro. La oración impide que el demonio tome más fuerza y termina por despacharlo. Sabemos que tenemos todas las gracias para ganar la batalla. Porque ... “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8, 31).

Y después de la tentación ¿qué? Si hemos vencido, atribuir el triunfo a Quien lo tiene: Dios, que no nos deja caer en la tentación. Agradecerle y pedirle su auxilio para futuras tentaciones. Si hemos caído, saber que Dios nos perdona cuántas veces hayamos pecado y, arrepentidos y con deseo de no pecar más, volvamos a El a través del Sacramento de la Confesión.

Está claro que sufrir la tentación NO es lo mismo que pecar. Podemos sufrir la tentación y con ayuda de la oración y de la Gracia, rechazarla y hacer el bien. Transformando así una tentación en una obra buena. Podemos, en cambio, sufrir la tentación, dejarnos llevar y caer en el pecado. De esta manera nos apartamos de Dios y necesitamos confesar.

Aprovechemos la Cuaresma para hacer desierto en nuestras vidas, orar, reflexionar, ver lo que tenemos que cambiar y ofrecerle al Señor.

Junto a la homilía aparece un simpático cartel que nos explica sencillamente el camino de Cuaresma; Todos en ese coche, usando como gasolina la oración, el ayuno y la limosna y así alimentados llegar al final del Camino donde nos espera la ¡¡¡RESURRECCION DE CRISTO, LA PASCUA!!!

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

domingo, 19 de febrero de 2012

Misas del próximo Miércoles de Cenizas - 2012

Manos de un sacerdote cogiendo la cenizaEl próximo 22 de febrero es Miércoles de Ceniza. Con tal motivo se celebrarán en nuestra parroquia dos misas, a las 18’00 h y las 20’00 h, en las que se impondrá la ceniza que nos recuerda que “del polvo venimos y en polvo nos convertiremos”y nos invita a “convertirnos y creer en el evangelio”.

Comienza así la Cuaresma, un tiempo litúrgico “fuerte” en el que nos preparamos para vivir profundamente y con intensidad los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo en la Semana Santa.

Durante estos cuarenta días la Iglesia nos recomienda la austeridad, el recogimiento, y la práctica habitual de la oración, el ayuno y la caridad como medios que nos ayuden a llevar a cabo nuestra conversión.

El derecho canónico afirma que todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia se han fijado unos días penitenciales.

En particular las normas del Código de Derecho Canónico y de la Conferencia Episcopal Española obligan a guardar Ayuno y Abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y Abstinencia sólo los otros vienes de Cuaresma. Unas prácticas que, tenemos la impresión, con el paso de los años están cayendo cada vez más en desuso o no se llevan a cabo correctamente ni en la práctica ni en el espíritu. Por ello hemos creído conveniente recordar exactamente lo que la Iglesia Católica establece para el ayuno y la abstinencia.

Así, el AYUNO consiste en hacer sólo una comida fuerte al día; aunque no se prohíbe tomar algo ligero por la mañana o por la noche. Es obligatorio para todos los mayores de edad, hasta que se hayan cumplido cincuenta y nueve años.

En lo relativo a la ABSTINENCIA, ésta consiste en no comer carne y obliga a todas las personas mayores de 14 años.

El ayuno y la abstinencia no consisten en la renuncia por la renuncia sino en una renuncia con la que, por una parte reconocemos la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados, y por otro nos permite el dominio de sí mismo con el fin de vivir mejor los valores superiores.

Además hay que recordar que, en la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año, en los que se debe llevar a cabo la realización de otras formas de penitencia recomendada por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna, obras de caridad y mortificaciones corporales.

Catequesis del Papa Juan Pablo II sobre el Ayuno

Mensajes de Benedicto XVI para la Cuaresma

Misas del próximo Miércoles de Cenizas - 2012

Manos de un sacerdote cogiendo la cenizaEl próximo 22 de febrero es Miércoles de Ceniza. Con tal motivo se celebrarán en nuestra parroquia dos misas, a las 18’00 h y las 20’00 h, en las que se impondrá la ceniza que nos recuerda que “del polvo venimos y en polvo nos convertiremos”y nos invita a “convertirnos y creer en el evangelio”.

Comienza así la Cuaresma, un tiempo litúrgico “fuerte” en el que nos preparamos para vivir profundamente y con intensidad los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo en la Semana Santa.

Durante estos cuarenta días la Iglesia nos recomienda la austeridad, el recogimiento, y la práctica habitual de la oración, el ayuno y la caridad como medios que nos ayuden a llevar a cabo nuestra conversión.

El derecho canónico afirma que todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia se han fijado unos días penitenciales.

En particular las normas del Código de Derecho Canónico y de la Conferencia Episcopal Española obligan a guardar Ayuno y Abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y Abstinencia sólo los otros vienes de Cuaresma. Unas prácticas que, tenemos la impresión, con el paso de los años están cayendo cada vez más en desuso o no se llevan a cabo correctamente ni en la práctica ni en el espíritu. Por ello hemos creído conveniente recordar exactamente lo que la Iglesia Católica establece para el ayuno y la abstinencia.

Así, el AYUNO consiste en hacer sólo una comida fuerte al día; aunque no se prohíbe tomar algo ligero por la mañana o por la noche. Es obligatorio para todos los mayores de edad, hasta que se hayan cumplido cincuenta y nueve años.

En lo relativo a la ABSTINENCIA, ésta consiste en no comer carne y obliga a todas las personas mayores de 14 años.

El ayuno y la abstinencia no consisten en la renuncia por la renuncia sino en una renuncia con la que, por una parte reconocemos la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados, y por otro nos permite el dominio de sí mismo con el fin de vivir mejor los valores superiores.

Además hay que recordar que, en la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año, en los que se debe llevar a cabo la realización de otras formas de penitencia recomendada por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna, obras de caridad y mortificaciones corporales.

Catequesis del Papa Juan Pablo II sobre el Ayuno

Mensajes de Benedicto XVI para la Cuaresma

Valorar el sacramento del perdón, valorar el no ofender a Dios

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: (Is 43, 18-19. 21-22. 24b-25 // Salmo 40 // (2 Cor 11, 18-22 // Mc 2, 1-1

La salvación ya fue realizada por Jesucristo. Todos nosotros debemos acogernos a la salvación que El nos ha regalado. ¿Cómo? Sabiéndonos y sintiéndonos necesitados de esa salvación. Todos somos pecadores ... sin excepción. Todos necesitamos del perdón que nos trae Cristo con su obra salvadora. Veamos el caso del paralítico de Cafarnaúm, del cual leemos en el Evangelio de hoy, quien no pudiendo hacerlo entrar por la puerta del sitio donde se encontraba Jesús, lo bajaron en su camilla por un agujero que abrieron en el techo y lograron colocarlo frente al Señor. ¿Qué es lo primero que le dice Jesús al paralítico? “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Luego, para demostrar el poder de Dios de perdonar los pecados, le dijo “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Y así fue. “¡Nunca habían visto una cosa igual!” (Mc. 2, 1-12).


“Ciertamente la enfermedad nos hace sentir la debilidad y la fragilidad humanas y sentimos el deseo de curarnos. La enfermedad no deja de ser una prueba, pero está iluminada por la esperanza” (JP II, Jubileo de los Enfermos, 11-feb-00). Aunque no se sane, el enfermo tiene la esperanza de saber que su sufrimiento, mientras dure, tiene sentido en la cruz de Cristo, uniendo su sufrimiento al de Cristo, para que tenga valor redentor.

Sabemos que Dios sana físicamente a quien quiere y cuando quiere ... y lo hace de diferentes maneras. Jesús sanó en formas diversas: a unos los sana imponiéndoles su mano; a otros dándoles una orden; a otros a distancia; a otros cuando tocaron su manto; a otros untándole barro, etc. etc. Pero siempre la principal sanación que realiza el Señor es espiritual. Por eso lo primero que le regala al paralítico de este Evangelio es la sanación de sus pecados.

Sabemos también que la enfermedad, aunque no haya sanación física, puede llevar a una sanación espiritual de fondo. Tal es el caso de algunos santos, como San Ignacio de Loyola, cuya conversión tuvo lugar en su convalecencia por una lesión de guerra en una pierna. Tal es el caso de algunos en nuestros días.

En nuestro días, como aquel día en Cafarnaún, dudamos de la Salvación de Dios. No valoramos el perdón de nuestros pecados. Estoy seguro que si a cualquiera de nosotros Jesús en vez de curarle una enfermedad que padeciera le dijese: "Tus pecados están perdonados" nos enfadariamos y le reprocharíamos que no hiciese lo que queremos. Por desgracia no valoramos el Perdón, no necesitamos el perdón...pasan los días, los meses, los años...y no cofesamos. Nos da igual comulgar en pecado mortal, nos da lo mismo llevar meses o incluso años sin confesar y nos acercamos tan panchos a recibir al Señor. San Pablo nos decía: "El que comulga el Cuerpo de Cristo en pecado, está comulgando su propia condenación". El Señor, por medio de su Cuerpo en el mundo, por medio de la Iglesia, nos ofrece la oportunidad en el sacramento de la penitencia de poder pedir perdón por todos nuestros pecados y recibir el amoroso abrazo de perdón de Dios Nuestro Padre.

Aquellos amigos del paralítico, fueron capaces de vencer todo lo que les impedia acercar a su amigo enfermo hasta Jesús. Su fe y confianza en el Señor les lleva incluso a romper el tejado para descolgar a su amigo hasta ponerlo delante del Señor. Hoy en nuestra sociedad hay muchos y muchas cosas que nos impiden acercarnos al Señor para recibir su perdón en el confesionario. Hay dos frases, que para mi son la clave de la falta de interes y de conciencia de pecado en nuestro mundo:
  1. "Yo no tengo pecado". "No robo ni mato".

  2. "Yo me confieso con Dios".

Que pena me da escuchar estas frases, porque denotan una falta de fe, de amor, de conciencia, de valorar a Cristo...que me parte el alma. Si cada uno de nosotros fuesemos conscientes del valor que tiene la confesión, el perdón de nuestros pecados, no volveria a decir ninguna de estas frases.

Afirmar cualquiera de ellas, supone no ser cristiano, no amar a Cristo. No amar a Cristo y lo demostramos porque nos da lo mismo ofenderle, eso es el pecado, y nos da lo mismo no pedirle perdón y recibir su perdón en el Sacramento.

El Señor demostró en Cafarnaún que era Dios, que podía perdonar pecados y curar al paralítico. El Señor hoy nos sigue demostrando que es Dios, que perdona nuestros pecados y que nos sana de nuestras enfermedades.

Que el Señor nos conceda a todos valorar el sacramento del perdón, valorar el no ofender a Dios. Que el Señor os conceda un feliz día de domingo. Para nuestra parroquia un día especial pues celebramos a nuestro titular el Beato Álvaro de Córdoba. Aprovecho para felicitar a todos los Alvaros y pedir a Dios que os bendiga a todos. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

Valorar el sacramento del perdón, valorar el no ofender a Dios

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: (Is 43, 18-19. 21-22. 24b-25 // Salmo 40 // (2 Cor 11, 18-22 // Mc 2, 1-1

La salvación ya fue realizada por Jesucristo. Todos nosotros debemos acogernos a la salvación que El nos ha regalado. ¿Cómo? Sabiéndonos y sintiéndonos necesitados de esa salvación. Todos somos pecadores ... sin excepción. Todos necesitamos del perdón que nos trae Cristo con su obra salvadora. Veamos el caso del paralítico de Cafarnaúm, del cual leemos en el Evangelio de hoy, quien no pudiendo hacerlo entrar por la puerta del sitio donde se encontraba Jesús, lo bajaron en su camilla por un agujero que abrieron en el techo y lograron colocarlo frente al Señor. ¿Qué es lo primero que le dice Jesús al paralítico? “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Luego, para demostrar el poder de Dios de perdonar los pecados, le dijo “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Y así fue. “¡Nunca habían visto una cosa igual!” (Mc. 2, 1-12).


“Ciertamente la enfermedad nos hace sentir la debilidad y la fragilidad humanas y sentimos el deseo de curarnos. La enfermedad no deja de ser una prueba, pero está iluminada por la esperanza” (JP II, Jubileo de los Enfermos, 11-feb-00). Aunque no se sane, el enfermo tiene la esperanza de saber que su sufrimiento, mientras dure, tiene sentido en la cruz de Cristo, uniendo su sufrimiento al de Cristo, para que tenga valor redentor.

Sabemos que Dios sana físicamente a quien quiere y cuando quiere ... y lo hace de diferentes maneras. Jesús sanó en formas diversas: a unos los sana imponiéndoles su mano; a otros dándoles una orden; a otros a distancia; a otros cuando tocaron su manto; a otros untándole barro, etc. etc. Pero siempre la principal sanación que realiza el Señor es espiritual. Por eso lo primero que le regala al paralítico de este Evangelio es la sanación de sus pecados.

Sabemos también que la enfermedad, aunque no haya sanación física, puede llevar a una sanación espiritual de fondo. Tal es el caso de algunos santos, como San Ignacio de Loyola, cuya conversión tuvo lugar en su convalecencia por una lesión de guerra en una pierna. Tal es el caso de algunos en nuestros días.

En nuestro días, como aquel día en Cafarnaún, dudamos de la Salvación de Dios. No valoramos el perdón de nuestros pecados. Estoy seguro que si a cualquiera de nosotros Jesús en vez de curarle una enfermedad que padeciera le dijese: "Tus pecados están perdonados" nos enfadariamos y le reprocharíamos que no hiciese lo que queremos. Por desgracia no valoramos el Perdón, no necesitamos el perdón...pasan los días, los meses, los años...y no cofesamos. Nos da igual comulgar en pecado mortal, nos da lo mismo llevar meses o incluso años sin confesar y nos acercamos tan panchos a recibir al Señor. San Pablo nos decía: "El que comulga el Cuerpo de Cristo en pecado, está comulgando su propia condenación". El Señor, por medio de su Cuerpo en el mundo, por medio de la Iglesia, nos ofrece la oportunidad en el sacramento de la penitencia de poder pedir perdón por todos nuestros pecados y recibir el amoroso abrazo de perdón de Dios Nuestro Padre.

Aquellos amigos del paralítico, fueron capaces de vencer todo lo que les impedia acercar a su amigo enfermo hasta Jesús. Su fe y confianza en el Señor les lleva incluso a romper el tejado para descolgar a su amigo hasta ponerlo delante del Señor. Hoy en nuestra sociedad hay muchos y muchas cosas que nos impiden acercarnos al Señor para recibir su perdón en el confesionario. Hay dos frases, que para mi son la clave de la falta de interes y de conciencia de pecado en nuestro mundo:
  1. "Yo no tengo pecado". "No robo ni mato".

  2. "Yo me confieso con Dios".

Que pena me da escuchar estas frases, porque denotan una falta de fe, de amor, de conciencia, de valorar a Cristo...que me parte el alma. Si cada uno de nosotros fuesemos conscientes del valor que tiene la confesión, el perdón de nuestros pecados, no volveria a decir ninguna de estas frases.

Afirmar cualquiera de ellas, supone no ser cristiano, no amar a Cristo. No amar a Cristo y lo demostramos porque nos da lo mismo ofenderle, eso es el pecado, y nos da lo mismo no pedirle perdón y recibir su perdón en el Sacramento.

El Señor demostró en Cafarnaún que era Dios, que podía perdonar pecados y curar al paralítico. El Señor hoy nos sigue demostrando que es Dios, que perdona nuestros pecados y que nos sana de nuestras enfermedades.

Que el Señor nos conceda a todos valorar el sacramento del perdón, valorar el no ofender a Dios. Que el Señor os conceda un feliz día de domingo. Para nuestra parroquia un día especial pues celebramos a nuestro titular el Beato Álvaro de Córdoba. Aprovecho para felicitar a todos los Alvaros y pedir a Dios que os bendiga a todos. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

viernes, 17 de febrero de 2012

Renovación de las promesas del Bautismo, febrero de 2012

El próximo sábado, 18 de febrero, a las 18'00 h. se celebrará la ceremonia de renovación de las promesas del bautismo por parte de los niños que recibirán su Primera Comunión el próximo mes de mayo.

Renovación de las promesas del Bautismo, febrero de 2012

El próximo sábado, 18 de febrero, a las 18'00 h. se celebrará la ceremonia de renovación de las promesas del bautismo por parte de los niños que recibirán su Primera Comunión el próximo mes de mayo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Triduo y Festividad del Beato Álvaro de Córdoba - 2012

Imagen del Beato Alvaro de nuestra parroquiaEl próximo domingo, 19 de Febrero, se celebra la festividad de nuestro patrón el Beato Álvaro de Córdoba. Con tal motivo se llevarán a cabo en nuestra parroquia los siguientes actos:
  • El jueves 16, viernes 17 y sábado 18, a las 20’00 h se celebrará un Triduo en honor al Beato Álvaro. Cada día, tras la celebración de la eucaristía habrá exposición del Santísimo Sacramento.
  • El domingo 19 se celebrará misa solemne a las 12’00 h. en honor del Beato, tras la cual se celebrará un pequeño ágape fraterno en el patio de la parroquia.
BIOGRAFÍA DEL BEATO ÁLVARO DE CÓRDOBA

Triduo y Festividad del Beato Álvaro de Córdoba - 2012

Imagen del Beato Alvaro de nuestra parroquiaEl próximo domingo, 19 de Febrero, se celebra la festividad de nuestro patrón el Beato Álvaro de Córdoba. Con tal motivo se llevarán a cabo en nuestra parroquia los siguientes actos:
  • El jueves 16, viernes 17 y sábado 18, a las 20’00 h se celebrará un Triduo en honor al Beato Álvaro. Cada día, tras la celebración de la eucaristía habrá exposición del Santísimo Sacramento.
  • El domingo 19 se celebrará misa solemne a las 12’00 h. en honor del Beato, tras la cual se celebrará un pequeño ágape fraterno en el patio de la parroquia.
BIOGRAFÍA DEL BEATO ÁLVARO DE CÓRDOBA

sábado, 11 de febrero de 2012

La lepra del alma pasa casi inadvertida

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Levítico 13,1-2.44-46 // Salmo 32(31) // Carta I de San Pablo a los Corintios 10,31-33.11,1 // Evangelio según San Marcos 1,40-45

En las lecturas de este domingo, aparece un enfermo de Lepra que se acerca a Jesús, desde siempre en la predicación y en los comentarios a la Sagrada Escritura, la lepra ha sido considerada como la expresión física de la fealdad y el horror que es el estado de pecado. Sin embargo, mientras la lepra del cuerpo es tan repugnante y tan temida, la del alma pasa casi inadvertida.

En la primera lectura, según la Ley de Moisés, la lepra era una impureza contagiosa, por lo que el leproso era aislado del resto de la gente hasta que pudiera curarse. En la Primera Lectura vemos que la Ley daba una serie de normas para el comportamiento del leproso, de manera de evitar el contagio con los demás. Se prescribía que debía ir vestido de cierta manera y debía ir anunciando a su paso: “Estoy contaminado! ¡Soy impuro!” (Lv. 13, 1-2.44-46).

Se creía también que la lepra era causada por el pecado. Por eso, los leprosos eran considerados impuros de cuerpo y de alma. Además de un mandato religioso era una precaución sanitaria para prevenir el contagio. Todos los demás daban la espalda a los leprosos. Menos Jesús. Son varias las curaciones de leprosos que realiza el Señor.

Una de ellas es la del leproso que vemos en el Evangelio de hoy, quien se acerca a Jesús y, de rodillas, le suplica: “Si tú quieres, puedes curarme” Y, Jesús, “extendiendo la mano, lo tocó le dijo: “¡Sí, quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. (Mc. 1, 40-45).

¡Qué grande fe la de este pobre leproso! Y ¡qué audacia! No tuvo temor de acercarse al Maestro. No tuvo temor de que le diera la espalda. La fe cierta no razona, no se detiene. Quien tiene fe sabe que Dios puede hacer todo lo que quiere. Para Dios hacer algo, sólo necesita desearlo. Por eso el pobre leproso se le acerca al Señor con tanta convicción. Por eso el Señor le responde con la misma convicción: “¡Sí quiero: Sana!”

Nos dice el Evangelista que Jesús “se compadeció”, “tuvo lástima” del leproso. Tiene el Señor lástima de la lepra que carcome el cuerpo. Por eso la cura. Pero más lástima y más compasión tiene aún Jesús de la lepra del pecado que carcome el alma. Por eso toma sobre sí nuestros pecados para salvarnos, apareciendo El también “despreciado y evitado por los hombres, como un leproso” (Is. 53, 3-40). Es la descripción que hace el profeta Isaías cuando anuncia la Pasión del Mesías.

La Segunda Lectura tomada de San Pablo (1 Cor. 10, 31-11,1) nos habla de la obligación que tiene todo cristiano de hacer todo “para la gloria de Dios”; es decir, pensando antes de actuar si lo que hacemos, cualquier cosa que hagamos, desde comer y beber, es para dar gloria a Dios. Asimismo nos recuerda en qué consiste la caridad cristiana: complacer a los demás (dar gusto a todos en todo) y buscar el interés de los demás ... y no el propio interés. Pero ese “dar gusto” y ese “buscar el interés de los demás” tiene una finalidad muy específica. No se trata de complacer por complacer cualquier capricho, ni buscar satisfacer el interés egoísta de los demás, sino que queda muy, muy claro cuál es ese interés que debe perseguir quien quiere ser imitador de Cristo, como lo fue San Pablo. Lo dice muy claramente: “sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven”. Es decir, el servir a los demás, el buscar el interés de los demás, debe tener como finalidad la búsqueda de su mayor bien, que es la salvación eterna. Esto debe tenerse siempre en cuenta, pues de otra manera, más bien podemos hacer daño a la salvación eterna de los demás, si lo que buscamos es complacer por complacer o por ser apreciados y queridos.

Esta Salvación implica toda nuestra realidad personal, es una Salvación íntegra, cuerpo y alma. Por eso el milagro del leproso, que narra el Evangelio de hoy, es un símbolo de esa Salvación. Aquel hombre no sólo recobró la salud, Dios le devolvió su dignidad como persona, la posibilidad de volver a su casa, con su familia, con su gente...ya no tenía que volver a vivir en un lugar marginado en el que estaban recluidos los leprosos. Podía volver a su pueblo, con su gente, recobrar su vida anterior..

La Salvación que Dios nos da, no es sólo corporal, va más allá, a lo hondo de nuestros corazones y quiere hacernos dignos de volver a nuestra condición de hijos y herederos de la gloria del Padre, Herederos del Paraiso.

Que Dios os bendiga a todos y os conceda un feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

La lepra del alma pasa casi inadvertida

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Levítico 13,1-2.44-46 // Salmo 32(31) // Carta I de San Pablo a los Corintios 10,31-33.11,1 // Evangelio según San Marcos 1,40-45

En las lecturas de este domingo, aparece un enfermo de Lepra que se acerca a Jesús, desde siempre en la predicación y en los comentarios a la Sagrada Escritura, la lepra ha sido considerada como la expresión física de la fealdad y el horror que es el estado de pecado. Sin embargo, mientras la lepra del cuerpo es tan repugnante y tan temida, la del alma pasa casi inadvertida.

En la primera lectura, según la Ley de Moisés, la lepra era una impureza contagiosa, por lo que el leproso era aislado del resto de la gente hasta que pudiera curarse. En la Primera Lectura vemos que la Ley daba una serie de normas para el comportamiento del leproso, de manera de evitar el contagio con los demás. Se prescribía que debía ir vestido de cierta manera y debía ir anunciando a su paso: “Estoy contaminado! ¡Soy impuro!” (Lv. 13, 1-2.44-46).

Se creía también que la lepra era causada por el pecado. Por eso, los leprosos eran considerados impuros de cuerpo y de alma. Además de un mandato religioso era una precaución sanitaria para prevenir el contagio. Todos los demás daban la espalda a los leprosos. Menos Jesús. Son varias las curaciones de leprosos que realiza el Señor.

Una de ellas es la del leproso que vemos en el Evangelio de hoy, quien se acerca a Jesús y, de rodillas, le suplica: “Si tú quieres, puedes curarme” Y, Jesús, “extendiendo la mano, lo tocó le dijo: “¡Sí, quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. (Mc. 1, 40-45).

¡Qué grande fe la de este pobre leproso! Y ¡qué audacia! No tuvo temor de acercarse al Maestro. No tuvo temor de que le diera la espalda. La fe cierta no razona, no se detiene. Quien tiene fe sabe que Dios puede hacer todo lo que quiere. Para Dios hacer algo, sólo necesita desearlo. Por eso el pobre leproso se le acerca al Señor con tanta convicción. Por eso el Señor le responde con la misma convicción: “¡Sí quiero: Sana!”

Nos dice el Evangelista que Jesús “se compadeció”, “tuvo lástima” del leproso. Tiene el Señor lástima de la lepra que carcome el cuerpo. Por eso la cura. Pero más lástima y más compasión tiene aún Jesús de la lepra del pecado que carcome el alma. Por eso toma sobre sí nuestros pecados para salvarnos, apareciendo El también “despreciado y evitado por los hombres, como un leproso” (Is. 53, 3-40). Es la descripción que hace el profeta Isaías cuando anuncia la Pasión del Mesías.

La Segunda Lectura tomada de San Pablo (1 Cor. 10, 31-11,1) nos habla de la obligación que tiene todo cristiano de hacer todo “para la gloria de Dios”; es decir, pensando antes de actuar si lo que hacemos, cualquier cosa que hagamos, desde comer y beber, es para dar gloria a Dios. Asimismo nos recuerda en qué consiste la caridad cristiana: complacer a los demás (dar gusto a todos en todo) y buscar el interés de los demás ... y no el propio interés. Pero ese “dar gusto” y ese “buscar el interés de los demás” tiene una finalidad muy específica. No se trata de complacer por complacer cualquier capricho, ni buscar satisfacer el interés egoísta de los demás, sino que queda muy, muy claro cuál es ese interés que debe perseguir quien quiere ser imitador de Cristo, como lo fue San Pablo. Lo dice muy claramente: “sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven”. Es decir, el servir a los demás, el buscar el interés de los demás, debe tener como finalidad la búsqueda de su mayor bien, que es la salvación eterna. Esto debe tenerse siempre en cuenta, pues de otra manera, más bien podemos hacer daño a la salvación eterna de los demás, si lo que buscamos es complacer por complacer o por ser apreciados y queridos.

Esta Salvación implica toda nuestra realidad personal, es una Salvación íntegra, cuerpo y alma. Por eso el milagro del leproso, que narra el Evangelio de hoy, es un símbolo de esa Salvación. Aquel hombre no sólo recobró la salud, Dios le devolvió su dignidad como persona, la posibilidad de volver a su casa, con su familia, con su gente...ya no tenía que volver a vivir en un lugar marginado en el que estaban recluidos los leprosos. Podía volver a su pueblo, con su gente, recobrar su vida anterior..

La Salvación que Dios nos da, no es sólo corporal, va más allá, a lo hondo de nuestros corazones y quiere hacernos dignos de volver a nuestra condición de hijos y herederos de la gloria del Padre, Herederos del Paraiso.

Que Dios os bendiga a todos y os conceda un feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

lunes, 30 de enero de 2012

Fiesta benéfica Pro Seminario Menor de Córdoba - febrero 2012

El próximo sábado 11 de febrero tendrá lugar una Fiesta benéfica en beneficio del Seminario Menor de Córdoba.

Se celebrará en las instalaciones del Seminario Menor junto al colegio de la Stma. Trinidad, y la entrada será por la calle paralela a la C/Sansueña, es decir, por la C/Antonio Gómez Aguilar.

El precio es 30 Euros y la fiesta consistirá en un cocktail, almuerzo y actuaciones de grupos flamencos. Se pueden adquirir entradas en el Seminario Menor (C/ Sansueña, 3) y en la parroquia de San Miguel (Pz San Miguel s/n).

La fiesta benéfica surge desde el seminario menor para recaudar fondos en bien de la formación de los propios seminaristas ya que esta tarea necesita medios humanos y materiales. Colaborar con el Seminario es colaborar con el futuro sacerdotal de nuestra Diócesis.


Ver mapa más grande

Fiesta benéfica Pro Seminario Menor de Córdoba - febrero 2012

El próximo sábado 11 de febrero tendrá lugar una Fiesta benéfica en beneficio del Seminario Menor de Córdoba.

Se celebrará en las instalaciones del Seminario Menor junto al colegio de la Stma. Trinidad, y la entrada será por la calle paralela a la C/Sansueña, es decir, por la C/Antonio Gómez Aguilar.

El precio es 30 Euros y la fiesta consistirá en un cocktail, almuerzo y actuaciones de grupos flamencos. Se pueden adquirir entradas en el Seminario Menor (C/ Sansueña, 3) y en la parroquia de San Miguel (Pz San Miguel s/n).

La fiesta benéfica surge desde el seminario menor para recaudar fondos en bien de la formación de los propios seminaristas ya que esta tarea necesita medios humanos y materiales. Colaborar con el Seminario es colaborar con el futuro sacerdotal de nuestra Diócesis.


Ver mapa más grande

domingo, 29 de enero de 2012

Aceptar la Voluntad de Dios y renunciar a la propia voluntad

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Deut 18, 15-2 // Salmo 94 // 1 Cor 7 32-35 // Mc 1,21-28

Queridos hermanos y hermanas:

La Primera Lectura del Deuteronomio nos habla de la promesa que Dios hizo al pueblo prometiéndole profetas que les dirían lo que El les mandara a decir. Nos dice esta lectura que el pueblo había pedido a Dios que no quería volver a oír su voz. Por eso, “en aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: ‘El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán” (Dt. 18, 15-20). Así lo prometió Dios a Moisés y así fue con toda la serie de profetas de los cuales leemos en el Antiguo Testamento (escritores y no escritores, mayores y menores), que sucedieron a Moisés, hasta que llegó “el Profeta”, que no es otro sino el mismo Dios hecho Hombre: Jesucristo.

Profeta es quien dice al pueblo de Dios lo que Dios quiere que se le diga. Profeta no es simplemente quien habla de Dios; es, más bien, quien habla en nombre de Dios y bajo su inspiración. El profeta es a la vez receptor y transmisor: recibe la palabra de Dios y la transmite. Se dice que el profeta es “boca de Dios”, pues el profeta habla con su boca la palabra de Dios. Ahora bien, Jesucristo es la Palabra misma; es decir, Jesucristo es la expresión de Dios para nosotros los seres humanos. De allí que Jesús, al comenzar a predicar y a actuar, sorprendiera a la gente de su época. Nos dice el Evangelio de hoy que, al enseñar,“sus oyentes quedaron asombrados de sus palabras”. Y al expulsar un demonio, “todos quedaron estupefactos ... y decían ‘este hombre sí tiene autoridad pues manda hasta a los espíritus inmundos y éstos le obedecen’” (Mc. 1, 21-28). Jesucristo era el Profeta que, además de hablar en nombre de Dios y de enseñar con autoridad, también expulsaba a los demonios.

Sobre la lucha contra los espíritus malignos es importante tomar en cuenta algunas recomendaciones. Como el Demonio y los demonios están siempre al acecho para hacer caer a los seres humanos en el pecado y para hacerles andar por el camino que lleva a la condenación, debemos recordar que Jesucristo nos habla de la importancia de la vigilancia. Vigilancia necesaria sobre todo en nuestros días cuando se ha implantado la conciencia entre los propios cristianos de la no existencia del mal, del demonio. Ese ha sido su mayor triunfo, ha conseguido que la gente no esté en guardia frente a las asechanzas del mal y campa por sus respetos haciendo de las suyas. Es un dato objetivo recogido incluso por las estadísticas de las fuerzas de seguridad del estado, que han aumentado significativamente las sectas y grupos satánicos. La influencia del mal es obvia en nuestros días.

El evangelio de hoy es muy significativo, el que declara que Jesús es el Mesías, el Santo de Dios no es ninguno de los que están escuchando en la sinagoga, es el propio espíritu inmundo que tenía aquel hombre, es el demonio el que teme a Jesús, el que sabe de su debilidad ante El Señor de Cielo y Tierra, ante Jesús. El demonio bien sabe que ante Jesús no puede hacer nada y tiene que salir huyendo ante el mandato de Dios: "vete de este hombre"

El medio más eficaz de vigilar, para impedir que el mal se acerque a nosotros es vigilar en oración, llenando así nuestro corazón de Dios que es Quien expulsa el Mal. Así el Enemigo no podrá encontrar sitio en nuestro corazón. Y no tiene sitio allí si la persona está bien unida a Dios. Porque estando unidos a Dios no puede hacer de las suyas el demonio.

¿En qué consiste esa unión con Dios? Consiste en aceptar la Voluntad de Dios y renunciar a la propia voluntad. Consiste en aceptar los deseos de Dios y renunciar a los propios deseos. Consiste esa unión con Dios en aceptar la forma de pensar y de ser de Dios y renunciar a las propias formas de pensar y de actuar. Y esto es así, por quien está unido a Dios de esa manera es fuerte con la fortaleza misma de Dios. Esta es la vigilancia que nos pide el Señor.

Que Dios nos conceda a todos vivir muy cerca de él, que llenemos nuestros corazones de su Gracia para que nada ni nadie pueda ocuparlos. Feliz Día del Señor. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

Aceptar la Voluntad de Dios y renunciar a la propia voluntad

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: Deut 18, 15-2 // Salmo 94 // 1 Cor 7 32-35 // Mc 1,21-28

Queridos hermanos y hermanas:

La Primera Lectura del Deuteronomio nos habla de la promesa que Dios hizo al pueblo prometiéndole profetas que les dirían lo que El les mandara a decir. Nos dice esta lectura que el pueblo había pedido a Dios que no quería volver a oír su voz. Por eso, “en aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: ‘El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán” (Dt. 18, 15-20). Así lo prometió Dios a Moisés y así fue con toda la serie de profetas de los cuales leemos en el Antiguo Testamento (escritores y no escritores, mayores y menores), que sucedieron a Moisés, hasta que llegó “el Profeta”, que no es otro sino el mismo Dios hecho Hombre: Jesucristo.

Profeta es quien dice al pueblo de Dios lo que Dios quiere que se le diga. Profeta no es simplemente quien habla de Dios; es, más bien, quien habla en nombre de Dios y bajo su inspiración. El profeta es a la vez receptor y transmisor: recibe la palabra de Dios y la transmite. Se dice que el profeta es “boca de Dios”, pues el profeta habla con su boca la palabra de Dios. Ahora bien, Jesucristo es la Palabra misma; es decir, Jesucristo es la expresión de Dios para nosotros los seres humanos. De allí que Jesús, al comenzar a predicar y a actuar, sorprendiera a la gente de su época. Nos dice el Evangelio de hoy que, al enseñar,“sus oyentes quedaron asombrados de sus palabras”. Y al expulsar un demonio, “todos quedaron estupefactos ... y decían ‘este hombre sí tiene autoridad pues manda hasta a los espíritus inmundos y éstos le obedecen’” (Mc. 1, 21-28). Jesucristo era el Profeta que, además de hablar en nombre de Dios y de enseñar con autoridad, también expulsaba a los demonios.

Sobre la lucha contra los espíritus malignos es importante tomar en cuenta algunas recomendaciones. Como el Demonio y los demonios están siempre al acecho para hacer caer a los seres humanos en el pecado y para hacerles andar por el camino que lleva a la condenación, debemos recordar que Jesucristo nos habla de la importancia de la vigilancia. Vigilancia necesaria sobre todo en nuestros días cuando se ha implantado la conciencia entre los propios cristianos de la no existencia del mal, del demonio. Ese ha sido su mayor triunfo, ha conseguido que la gente no esté en guardia frente a las asechanzas del mal y campa por sus respetos haciendo de las suyas. Es un dato objetivo recogido incluso por las estadísticas de las fuerzas de seguridad del estado, que han aumentado significativamente las sectas y grupos satánicos. La influencia del mal es obvia en nuestros días.

El evangelio de hoy es muy significativo, el que declara que Jesús es el Mesías, el Santo de Dios no es ninguno de los que están escuchando en la sinagoga, es el propio espíritu inmundo que tenía aquel hombre, es el demonio el que teme a Jesús, el que sabe de su debilidad ante El Señor de Cielo y Tierra, ante Jesús. El demonio bien sabe que ante Jesús no puede hacer nada y tiene que salir huyendo ante el mandato de Dios: "vete de este hombre"

El medio más eficaz de vigilar, para impedir que el mal se acerque a nosotros es vigilar en oración, llenando así nuestro corazón de Dios que es Quien expulsa el Mal. Así el Enemigo no podrá encontrar sitio en nuestro corazón. Y no tiene sitio allí si la persona está bien unida a Dios. Porque estando unidos a Dios no puede hacer de las suyas el demonio.

¿En qué consiste esa unión con Dios? Consiste en aceptar la Voluntad de Dios y renunciar a la propia voluntad. Consiste en aceptar los deseos de Dios y renunciar a los propios deseos. Consiste esa unión con Dios en aceptar la forma de pensar y de ser de Dios y renunciar a las propias formas de pensar y de actuar. Y esto es así, por quien está unido a Dios de esa manera es fuerte con la fortaleza misma de Dios. Esta es la vigilancia que nos pide el Señor.

Que Dios nos conceda a todos vivir muy cerca de él, que llenemos nuestros corazones de su Gracia para que nada ni nadie pueda ocuparlos. Feliz Día del Señor. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

sábado, 21 de enero de 2012

«Convertíos y creed en el Evangelio»

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 1º Jonás 3, 1-5.10 // Salmo 24 // 1ª Corintios 7, 29-31 // Marcos 1, 14-20.

Queridos hermanos y hermanas:

Historia de Jonás en una miniatura de un manuscrito del siglo XLa Palabra de Dios de este domingo, especialmente la primera lectura del profeta Jonás y el Evangelio de S. Marcos, nos presentan un tema esencial en la vida cristiana: La LLamada de Dios.

Es fundamental, como dice el Papa Benedicto XVI, que nos demos cuenta y descubramos en nuestra vida que el cristianismo no es una doctrina, no es un conocimiento... es un ENCUENTRO con Jesucristo que nos salva. Es muy importante esta matización puesto que muchas veces creemos que por saber mucho de Cristo, del Evangelio, de la Historia de la Iglesia, ya somos mejores cristianos. No es así, seremos mejores Hijos de Dios cuanto más le amemos y más vivamos y experimentemos su AMOR. Evidentemente es necesario saber y conocer nuestra doctrina, nuestra fe, nuestra historia, nuestra teología... pero desde el Encuentro con Dios en nuestras vidas.

Jonás es llamado por Dios, además llamado a una tarea muy dificil, predicar en Nínive. Nínive era una ciudad floreciente, llena de riquezas, de todos los placeres mundanos. Los habitantes de esta ciudad vivian perdidamente, habian olvidado a Dios y satisfechos por sus riquezas vivian al margen de la fe. El pecado y el abandono de Dios era lo habitual en sus vidas. Es curioso ver como al escuchar la definicion de Nínive parece que estuviesemos definiendo nuestra sociedad de hoy. Jonás recibe esa dura misión, conseguir que los ninivitas se conviertan, dejen su mala vida y vuelvan a Dios. Que retomen su vida de fe. Jonás asume la tarea y comienza a predicar confiando en Dios. Cual fue su sorpresa que los ninivitas escucharon su llamada a la conversión, cambiaron sus vidas y volvieron a Dios. Dios al ver su arrepentimiento y su conversión desistió de mandarle el castigo que les tenia guardado.

Quizás el Señor hoy nos esté llamando a cada uno de nosotros a ser como Jonás y predicar a esta sociedad incrédula y satisfecha la conversión y el perdón de sus pecados. Tenemos que ser creíbles como Jonás y hacer creíble y atrayente el mensaje de conversión, de perdón, de amor, de misericordia que Jesucristo trae al mundo. Dios quiere que todos sus hijos se salven, que le amen, que le escuchen y que sean felices... y nos manda a nosotros que lo anunciemos. Pero si nosotros mismos no vivimos nuestra fe con alegria, con ilusión, con esperanza... Si para nosotros nuestra fe no es una fuente de gozo incesante y de felicidad es muy dificil que podamos convencer a nadie. ¿Cómo voy a convencer a alguién del Amor que Dios nos tiene si mi vida no trasmite de ningun modo ese amor? Es imposible que alguién quiera volver a Dios si nos ve triste, sin esperanza... ¿Por que la JMJ de Madrid ha llamado tanto la atención? Porque el mundo ha visto a millones de jóvenes alegres, gozosos, contentos de ser cristianos, de vivir la paz, la fraternidad. Jóvenes que han demostrado con su comportamiento que hay algo más que el botellón y las drogas, la discotecas y el ligar... Jóvenes que le han dicho al mundo: ¡¡¡Creemos en Cristo y en su Iglesia y somos felices!!!

Ese es el modo de provocar la conversión, hace falta cristianos creíbles que manifiesten con sus obras, sus palabras, sus actitudes de vida... que Jesús nos ama, da sentido a nuestras vidas y nos hace tremendamente felices seguirle y amarle. Que Dios nos conceda a todos vivir gozosos nuestra fe y proclamar "Convertíos y creed en el Evangelio".

Feliz Día del Señor a todos. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Convertíos y creed en el Evangelio»

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 1º Jonás 3, 1-5.10 // Salmo 24 // 1ª Corintios 7, 29-31 // Marcos 1, 14-20.

Queridos hermanos y hermanas:

Historia de Jonás en una miniatura de un manuscrito del siglo XLa Palabra de Dios de este domingo, especialmente la primera lectura del profeta Jonás y el Evangelio de S. Marcos, nos presentan un tema esencial en la vida cristiana: La LLamada de Dios.

Es fundamental, como dice el Papa Benedicto XVI, que nos demos cuenta y descubramos en nuestra vida que el cristianismo no es una doctrina, no es un conocimiento... es un ENCUENTRO con Jesucristo que nos salva. Es muy importante esta matización puesto que muchas veces creemos que por saber mucho de Cristo, del Evangelio, de la Historia de la Iglesia, ya somos mejores cristianos. No es así, seremos mejores Hijos de Dios cuanto más le amemos y más vivamos y experimentemos su AMOR. Evidentemente es necesario saber y conocer nuestra doctrina, nuestra fe, nuestra historia, nuestra teología... pero desde el Encuentro con Dios en nuestras vidas.

Jonás es llamado por Dios, además llamado a una tarea muy dificil, predicar en Nínive. Nínive era una ciudad floreciente, llena de riquezas, de todos los placeres mundanos. Los habitantes de esta ciudad vivian perdidamente, habian olvidado a Dios y satisfechos por sus riquezas vivian al margen de la fe. El pecado y el abandono de Dios era lo habitual en sus vidas. Es curioso ver como al escuchar la definicion de Nínive parece que estuviesemos definiendo nuestra sociedad de hoy. Jonás recibe esa dura misión, conseguir que los ninivitas se conviertan, dejen su mala vida y vuelvan a Dios. Que retomen su vida de fe. Jonás asume la tarea y comienza a predicar confiando en Dios. Cual fue su sorpresa que los ninivitas escucharon su llamada a la conversión, cambiaron sus vidas y volvieron a Dios. Dios al ver su arrepentimiento y su conversión desistió de mandarle el castigo que les tenia guardado.

Quizás el Señor hoy nos esté llamando a cada uno de nosotros a ser como Jonás y predicar a esta sociedad incrédula y satisfecha la conversión y el perdón de sus pecados. Tenemos que ser creíbles como Jonás y hacer creíble y atrayente el mensaje de conversión, de perdón, de amor, de misericordia que Jesucristo trae al mundo. Dios quiere que todos sus hijos se salven, que le amen, que le escuchen y que sean felices... y nos manda a nosotros que lo anunciemos. Pero si nosotros mismos no vivimos nuestra fe con alegria, con ilusión, con esperanza... Si para nosotros nuestra fe no es una fuente de gozo incesante y de felicidad es muy dificil que podamos convencer a nadie. ¿Cómo voy a convencer a alguién del Amor que Dios nos tiene si mi vida no trasmite de ningun modo ese amor? Es imposible que alguién quiera volver a Dios si nos ve triste, sin esperanza... ¿Por que la JMJ de Madrid ha llamado tanto la atención? Porque el mundo ha visto a millones de jóvenes alegres, gozosos, contentos de ser cristianos, de vivir la paz, la fraternidad. Jóvenes que han demostrado con su comportamiento que hay algo más que el botellón y las drogas, la discotecas y el ligar... Jóvenes que le han dicho al mundo: ¡¡¡Creemos en Cristo y en su Iglesia y somos felices!!!

Ese es el modo de provocar la conversión, hace falta cristianos creíbles que manifiesten con sus obras, sus palabras, sus actitudes de vida... que Jesús nos ama, da sentido a nuestras vidas y nos hace tremendamente felices seguirle y amarle. Que Dios nos conceda a todos vivir gozosos nuestra fe y proclamar "Convertíos y creed en el Evangelio".

Feliz Día del Señor a todos. Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

sábado, 14 de enero de 2012

«Habla, Señor, que tu siervo te escucha»

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 1ºSamuel 3, 3b-10. 19 // Salmo39 // 1ª Corintios 6, 13c-15a. 17-20 // Juan 1, 35-42.

Queridos hermanos y hermanas:

Pintura de Samuel aprendiendo de Elí. John Singleton Copley. 1800En este segundo domingo del tiempo ordinario, cuando quedan ya atrás los sonidos y vivencias de la Navidad, la Palabra de Dios que se proclama es muy rica y eficaz para nuestras vidas.

Hoy escuchamos la llamada de personajes muy muy importantes en la Sagrada Escritura. En la Primera lectura de hoy, se nos narra la vocación del profeta Samuel. Samuel, desde que era un niño, estaba dedicado al servicio del Templo de Jerusalén. Estaba al servicio del Sacerdote Elí. Una noche, mientras duerme, oye en su interior una voz que le llama. Como niño que es no sabe qué es esa voz y se dirige hacia el sacerdote Elí pensando que este le había llamado. Elí le dice que el no lo ha llamado. Le escena se repite hasta tres veces, Elí se da cuenta que es Dios quien está llamando al muchacho y le dice: "cuando oigas de nuevo esa voz, respóndele diciendo, aqui estoy Señor".

Es muy significativo este texto, todos nosotros sentimos a veces esa voz interior que nos llama, esa voz de Dios que nos suscita seguirle... pero no acabamos de entender. Quizás porque no acudimos al "sacerdote" para que él nos oriente y nos ayude a discernir esa voz. Es muy necesario que en nuestra vida espiritual contemos con un guía, con un maestro del Espíritu que nos ayude a ir sopesando las distintas mociones del Espíritu Santo. Que nos ayude a encarrilar nuestra vida por el camino de la Salvación. Elí guió a Samuel, Samuel escuchó la voluntad de Dios y fue un gran profeta. Muchas personas han acudido al sacerdote para que les ayude a encontrar en sus vidas respuestas a lo que Dios les pide. Es necesaria la mediación de la Iglesia para ayudarnos a seguir correctamente el camino de Dios.

En el Evangelio pasa exactamente igual, Juan Bautista enseña, muestra a sus discípulos quién es el Cordero de Dios, quién es Jesús... Sus discípulos confian en su palabra y siguen a Jesús, van con él. Jesús les enseña personalmente quién es él, cuál es el camino de renuncia y entrega que supone seguirle. Pero es Juan Bautista quien les dirige hasta ese encuentro con el Señor. Queridos hermanos no podemos vivir la fe a nuestro aire, por nuestra cuenta. Necesitamos de la Mediación Salvadora de nuestra Madre la Iglesia. Es el único modo de poder avanzar por el camino correcto. Es verdad que podemos personalmente lanzarnos a caminar, pero normalmente acabamos perdidos y sin saber cómo seguir.

Aprendamos hoy a ser humildes, a saber usar los medios de Salvación que Dios nos regala en su Iglesia. Saber escuchar al Magisterio, saber leer las encíclicas, los documentos, todo lo que la Iglesia nos ofrece para acercadnos más a Dios. Es bastante contradictorio, que los cristianos despreciemos las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia y después aceptemos, sin más, las palabras del primer iluminado que oimos o leemos. Es curioso que muchos cristianos despreciamos leer el Magisterio de la Iglesia, el Catecismo, etc... y luego confiemos en lo que nos dice el tarot, las cartas o el horóscopo. ¡¡¡Es increible!!!

La segunda lectura nos recuerda la importancia y la dignidad de nuestros cuerpos. Son Templos del Espíritu Santo desde nuestro bautismo. No somos carne y huesos, solamente. Desde nuestro Bautismo, Dios nos ha consagrado como morada de su Gracia. Por eso debemos mantener dignamente nuestros cuerpos, debemos alejarnos de todo pecado para poder conservar limpia la morada del Espíritu Santo.

La Segunda Lectura de San Pablo (1 Cor. 6, 13-15.17-20) nos recuerda la importancia de la virtud de la templanza, ya que “nuestros cuerpos son miembros de Cristo”. Por ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo y porque nuestros cuerpos son “templos del Espíritu Santo”, nos recuerda San Pablo que debemos vivir alejados de las fornicaciones. Y nos recuerda una cosa importantísima, la cual expone con mucha convicción: "No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros." El precio pagado es la Sangre de Cristo. Y esto lo refiere especialmente al cuerpo. ¡Qué apropiadas estas palabras en nuestro mundo actual, en el que creemos que se puede hacer lo que sea con el propio cuerpo! Y termina diciendo el Apóstol: “Glorificad pues, a Dios con vuestro cuerpo”.

Que el Señor nos de su Sabiduria para aceptar y comprender está verdad de fe. Somos Templos del Espiritu Santo y debemos cultivar la pureza de nuestro cuerpo. No podemos desdecir con nuestros pecados la grandeza del Amor de Dios que habita en nosotros.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz Domingo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Habla, Señor, que tu siervo te escucha»

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Lecturas: 1ºSamuel 3, 3b-10. 19 // Salmo39 // 1ª Corintios 6, 13c-15a. 17-20 // Juan 1, 35-42.

Queridos hermanos y hermanas:

Pintura de Samuel aprendiendo de Elí. John Singleton Copley. 1800En este segundo domingo del tiempo ordinario, cuando quedan ya atrás los sonidos y vivencias de la Navidad, la Palabra de Dios que se proclama es muy rica y eficaz para nuestras vidas.

Hoy escuchamos la llamada de personajes muy muy importantes en la Sagrada Escritura. En la Primera lectura de hoy, se nos narra la vocación del profeta Samuel. Samuel, desde que era un niño, estaba dedicado al servicio del Templo de Jerusalén. Estaba al servicio del Sacerdote Elí. Una noche, mientras duerme, oye en su interior una voz que le llama. Como niño que es no sabe qué es esa voz y se dirige hacia el sacerdote Elí pensando que este le había llamado. Elí le dice que el no lo ha llamado. Le escena se repite hasta tres veces, Elí se da cuenta que es Dios quien está llamando al muchacho y le dice: "cuando oigas de nuevo esa voz, respóndele diciendo, aqui estoy Señor".

Es muy significativo este texto, todos nosotros sentimos a veces esa voz interior que nos llama, esa voz de Dios que nos suscita seguirle... pero no acabamos de entender. Quizás porque no acudimos al "sacerdote" para que él nos oriente y nos ayude a discernir esa voz. Es muy necesario que en nuestra vida espiritual contemos con un guía, con un maestro del Espíritu que nos ayude a ir sopesando las distintas mociones del Espíritu Santo. Que nos ayude a encarrilar nuestra vida por el camino de la Salvación. Elí guió a Samuel, Samuel escuchó la voluntad de Dios y fue un gran profeta. Muchas personas han acudido al sacerdote para que les ayude a encontrar en sus vidas respuestas a lo que Dios les pide. Es necesaria la mediación de la Iglesia para ayudarnos a seguir correctamente el camino de Dios.

En el Evangelio pasa exactamente igual, Juan Bautista enseña, muestra a sus discípulos quién es el Cordero de Dios, quién es Jesús... Sus discípulos confian en su palabra y siguen a Jesús, van con él. Jesús les enseña personalmente quién es él, cuál es el camino de renuncia y entrega que supone seguirle. Pero es Juan Bautista quien les dirige hasta ese encuentro con el Señor. Queridos hermanos no podemos vivir la fe a nuestro aire, por nuestra cuenta. Necesitamos de la Mediación Salvadora de nuestra Madre la Iglesia. Es el único modo de poder avanzar por el camino correcto. Es verdad que podemos personalmente lanzarnos a caminar, pero normalmente acabamos perdidos y sin saber cómo seguir.

Aprendamos hoy a ser humildes, a saber usar los medios de Salvación que Dios nos regala en su Iglesia. Saber escuchar al Magisterio, saber leer las encíclicas, los documentos, todo lo que la Iglesia nos ofrece para acercadnos más a Dios. Es bastante contradictorio, que los cristianos despreciemos las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia y después aceptemos, sin más, las palabras del primer iluminado que oimos o leemos. Es curioso que muchos cristianos despreciamos leer el Magisterio de la Iglesia, el Catecismo, etc... y luego confiemos en lo que nos dice el tarot, las cartas o el horóscopo. ¡¡¡Es increible!!!

La segunda lectura nos recuerda la importancia y la dignidad de nuestros cuerpos. Son Templos del Espíritu Santo desde nuestro bautismo. No somos carne y huesos, solamente. Desde nuestro Bautismo, Dios nos ha consagrado como morada de su Gracia. Por eso debemos mantener dignamente nuestros cuerpos, debemos alejarnos de todo pecado para poder conservar limpia la morada del Espíritu Santo.

La Segunda Lectura de San Pablo (1 Cor. 6, 13-15.17-20) nos recuerda la importancia de la virtud de la templanza, ya que “nuestros cuerpos son miembros de Cristo”. Por ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo y porque nuestros cuerpos son “templos del Espíritu Santo”, nos recuerda San Pablo que debemos vivir alejados de las fornicaciones. Y nos recuerda una cosa importantísima, la cual expone con mucha convicción: "No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros." El precio pagado es la Sangre de Cristo. Y esto lo refiere especialmente al cuerpo. ¡Qué apropiadas estas palabras en nuestro mundo actual, en el que creemos que se puede hacer lo que sea con el propio cuerpo! Y termina diciendo el Apóstol: “Glorificad pues, a Dios con vuestro cuerpo”.

Que el Señor nos de su Sabiduria para aceptar y comprender está verdad de fe. Somos Templos del Espiritu Santo y debemos cultivar la pureza de nuestro cuerpo. No podemos desdecir con nuestros pecados la grandeza del Amor de Dios que habita en nosotros.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz Domingo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

sábado, 7 de enero de 2012

Fiesta del Bautismo del Señor - 2012

Fiesta del Bautismo del Señor - 2012

Lecturas: Isaías 42,1-4.6-7 // Salmo 29(28) // Hechos de los Apóstoles 10,34-38 // San Marcos 1,7-11

Queridos hermanos y hermanas: terminamos el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor. Este Domingo día 8, culminan estas fiestas con la contemplación del momento del bautismo de Jesucristo.

Hace apenas unas horas celebrábamos la solemnidad de la Epifanía, los Reyes Magos, y hoy contemplamos ya a Jesús con 30 años comenzando su vida pública, predicando la Buena Noticia del Evangelio.

Esta es la realidad, tenemos muy pocos datos sobre la infancia de Jesús. Durante estos días de navidad hemos meditado el Misterio de la Encarnación de Dios. Ese niño desvalido en Belén es Dios hecho Hombre. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.
En el día de hoy contemplamos en el bautismo del Señor la gran manifestación del Misterio más profundo y cimiento de la fe Católica: el Misterio de la Santísima Trinidad. Un solo Dios y tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un único Dios pero tres personas distintas. Si releemos detenidamente el texto del Evangelio de hoy, podemos ver que cuando Jesús está siendo bautizado por Juan se produce la manifestación en nuestro mundo, en la plenitud de los tiempos, de la Santísima Trinidad. Fijaos: Jesús (El Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad) es bautizado, se oye la Voz del Padre (Primera persona de la Santísima Trinidad) que dice: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto.” Y se ve descender sobre Jesús al Espíritu Santo (Tercera Persona de la Santísima Trinidad). Podéis comprobar como en el bautismo de Jesús el mundo pudo ver a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, sentir la profunda realidad del misterio esencial y fundamental de nuestra fe.

El bautismo de Cristo inauguró el bautismo sacramento, que hemos recibido todos los católicos y que nos hace hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos del Espíritu Santo. El bautismo nos ha hecho realmente hijos de Dios y herederos de la Vida Eterna de Cristo. Además nos hace morada del Espíritu Santo que nos fortalece, nos ayuda, nos santifica…

Ser hijos de Dios significa que nuestra existencia toda debe dar testimonio de esta realidad espiritual que gozamos desde nuestro bautismo.

Pensemos por un momento en una familia cualquiera. Si los hijos cuidan de sus padres, le obedecen, respetan, ayudan, cuidan… decimos que son buenos hijos. Nos admiramos cuando conocemos a hijos que hasta el final de sus días cuidan, miman, a sus padres.
Todos afirmamos que son unos hijos ejemplares. Sus obras de amor dan testimonio de su categoría de hijos.

Pensemos en otra familia que los hijos maltratan a sus padres, los abandonan, los tienen solos, sin cuidados, incluso no se interesan por ellos hasta que mueren para venir a reclamar su herencia. Legalmente y obviamente son sus hijos pero su comportamiento y su vida no son precisamente ejemplares. Todos decimos que son unos malos hijos.

Pasemos el ejemplo de estas dos familias a la gran familia de los hijos de Dios. Si cualquier bautizado, que es hijo de Dios, se comporta olvidando a su Padre Celestial, haciendo todo lo contrario a lo que le agrada, si jamás va a visitarlo a la Iglesia, si jamás participa en los sacramentos, si no comulga, ni confiesa, ni reza, ni hace obras de caridad, ni vive su fe… ¿Podríamos decir que es un buen hijo de Dios? ¿Podemos decir que son unos buenos cristianos? Legalmente han recibido el bautismo, son miembros de Cristo. Pero la realidad es que son malos hijos de Dios y de la Iglesia. Eso si, vendrán a reclamar su herencia, a pedir una boda, un entierro, un bautismo…y además con exigencias y diciendo que ellos son tan cristianos como los que lo son de verdad. ¿Son creíbles? ¿Podemos decir que son buenos cristianos? Rotundamente NO, no son buenos hijos de Dios, no lo son, se pongan como se pongan…digan lo que digan.

No podemos ser tan ilusos de pretender que sea lo mismo un buen hijo que un mal hijo. No puede ser lo mismo un buen cristiano que un mal cristiano. No puede ser lo mismo una persona que se entrega a Dios, a los hermanos, que ora, participa en los sacramentos, ama a su prójimo, comparte sus bienes con los necesitados, participa ayudando en todo lo que puede… No puede ser lo mismo de aquel que se jacta de ser “NO Practicante” “De pasar de Dios” “De vivir alejado”.

Creo que es hora que todos nosotros, los que intentamos ser buenos hijos, humana y cristianamente. Que todos los que intentamos crecer día a día en nuestra fe, en nuestra entrega, en nuestra vida cristiana, en nuestra santidad Reivindiquemos nuestra dignidad de cristianos y que no dejemos ni permitamos que cualquier mal hijo se autodefina como cristiano, cuando en la praxis no lo es.

Es tarea nuestra, con la Gracia de Dios, dignificar nuestro ser cristianos, nuestra filiación divina desde nuestro bautismo. Que nuestro ejemplo de Buenos hijos de Dios demuestre a nuestro mundo que la verdadera felicidad está en vivir la Vida de Dios.
Que el Señor Jesús nos haga crecer en Santidad, en fe, en oración, en caridad, en ejemplo, en testimonio…

Hermanos y hermanas, seamos unos maravillosos hijos de Dios. Amemos de corazón a Dios y a nuestros hermanos. Dejemos ya de estar pendientes de los otros, de los que no son buenos hijos de Dios y dediquemos todos nuestros esfuerzos en crecer nosotros en nuestra vida cristiana.

Si todo el esfuerzo que dedicamos a quejarnos de lo malo que es el mundo y de lo mal que van las cosas…lo dedicásemos a crecer como cristianos, estoy seguro que el mundo, la sociedad y nuestras vidas cambiarían radicalmente.

Al contemplar hoy a Jesús en su bautismo, pidamos a Dios que reavive en todos nosotros la Gracia de nuestro Bautismo y vivamos realmente como miembros de Cristo.
Feliz domingo a todos.

Que Dios os bendiga.

Tomás Pajuelo Romero. Párroco