sábado, 31 de diciembre de 2011

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Jornada de Oración por la Paz.

Lecturas: Núm 6,22-27,// Sal 67, // Gál 4,4-7,// Lc 2,16-21

Quiero empezar mi reflexión con las palabras del libro de los Números. Primera lectura de hoy:

"...Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”.

En este primer día del año, todos tenemos el corazón lleno de buenos deseos y de buenos propósitos para comenzar. Pero la mejor manera es hacerlo en la presencia del Señor, celebrando la Eucaristía y en este día celebrando a María, Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Puede haber mejor manera de empezar el año que poniéndonos en manos de la Virgen María? En este primero de Enero, la Iglesia universal vuelve sus ojos a María para aclamarla y honrarla como la MADRE DE DIOS. Es uno de los primeros títulos con los que se venera a María desde el siglo I de nuestra era: "María Theo-tocos", María Madre de Dios".

Al comienzo de este año la primera lectura de hoy, nos propone la Bendición de todos los creyentes para comenzar el año nuevo. El texto que he colocado al principio de esta reflexión. Quiero con ellos invocar a Dios para que esta Palabra suya, se haga realidad en cada uno de los hombres y mujeres del Mundo. Que todos los hombres y mujeres de cualquier punto de este mundo puedan experimentar hoy la bendición del Señor, su Gracia, su Amor, su misericordia... que especialmente los que adoramos a Cristo como el Salvador del Mundo hagamos presente esta bendición viviendola en cada una de nuestras palabras y obras en este año 2012.

Que Dios nos bendiga y nos proteja a todos, que sintamos su mano amorosa de Padre en cada uno de los momentos, de los segundos de este año. Haga brillar su luz, su amor, su rostro sobre cada uno de sus hijos. Que nosotros le aceptemos como la luz que alumbra nuestras vidas, que lo aceptemos como el Señor de nuestra existencia... que brille su rostro en la vida de cada uno y que la Paz de Dios llene los corazones de sus fieles.

Hoy más que nunca es necesaria la fe. Fe y confianza en el Señor. Empezamos una etapa nueva en la vida y como cristianos lo hacemos poniendo nuestras esperanzas en Cristo, nuestro Dios y Señor. Así lo hicieron los pastores. Ellos creyeron las palabras del Ángel y dejando todo lo que tenian, salieron corriendo y adoraron a Cristo. Lo que encontraron ante sus ojos, humanamente, no era para prestarle adoración. Pensad por un momento que lo que se encontraron fue un establo, vacas, asno, una pareja -José y María- y un bebé en un pesebre donde comian los animales. La imagen no es precisamente para pensar que aquel niño era a los ojos de los hombres, alguien importante. Ciertamente si a cualquiera de nosotros se nos dice que ese niño en un establo es el hijo de Dios, el Mesías, el Señor...hubiésemos dudado... Los pastores fueron, se postraron y lo adoraron...¡¡Qué fe tan grande!!

Ojalá nosotros, al empezar el año, nos postremos a los pies del Señor, confiemos en su Palabra, creamos en él y lo adoremos...

¿Por qué nos cuesta tanto confiar en el Señor? ¿Por qué no acabamos de creer que el único camino a la verdadera felicidad es el Evangelio?

Pido a Dios en este día que durante este año aumente nuestra fe, esperanza y caridad. Que crezcamos en nuestra entrega a Dios y a los hermanos. Que de una vez por todas nos dejemos de pegos y nos pongamos a ser de verdad cristianos, a ser de verdad hermanos, a querer a nuestra Madre la Virgen María, a amar a nuestra madre la Iglesia...

Que este año 2012 sea el año en el que de una vez por todas, los cristianos brillemos por la santidad de nuestras obras. Que callemos tantas bocas de impresentables que se regocijan insultando y menospreciando la fe, la religión, la Iglesia...los callemos con nuestro testimonio, con nuestra coherencia, con nuestro perdón.

Quiero terminar esta reflexión haciendo mias las palabras del libro de los Números y que la bendición de Dios descienda sobre todos y cada uno de vosotros.

¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Jornada de Oración por la Paz.

Lecturas: Núm 6,22-27,// Sal 67, // Gál 4,4-7,// Lc 2,16-21

Quiero empezar mi reflexión con las palabras del libro de los Números. Primera lectura de hoy:

"...Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré”.

En este primer día del año, todos tenemos el corazón lleno de buenos deseos y de buenos propósitos para comenzar. Pero la mejor manera es hacerlo en la presencia del Señor, celebrando la Eucaristía y en este día celebrando a María, Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Puede haber mejor manera de empezar el año que poniéndonos en manos de la Virgen María? En este primero de Enero, la Iglesia universal vuelve sus ojos a María para aclamarla y honrarla como la MADRE DE DIOS. Es uno de los primeros títulos con los que se venera a María desde el siglo I de nuestra era: "María Theo-tocos", María Madre de Dios".

Al comienzo de este año la primera lectura de hoy, nos propone la Bendición de todos los creyentes para comenzar el año nuevo. El texto que he colocado al principio de esta reflexión. Quiero con ellos invocar a Dios para que esta Palabra suya, se haga realidad en cada uno de los hombres y mujeres del Mundo. Que todos los hombres y mujeres de cualquier punto de este mundo puedan experimentar hoy la bendición del Señor, su Gracia, su Amor, su misericordia... que especialmente los que adoramos a Cristo como el Salvador del Mundo hagamos presente esta bendición viviendola en cada una de nuestras palabras y obras en este año 2012.

Que Dios nos bendiga y nos proteja a todos, que sintamos su mano amorosa de Padre en cada uno de los momentos, de los segundos de este año. Haga brillar su luz, su amor, su rostro sobre cada uno de sus hijos. Que nosotros le aceptemos como la luz que alumbra nuestras vidas, que lo aceptemos como el Señor de nuestra existencia... que brille su rostro en la vida de cada uno y que la Paz de Dios llene los corazones de sus fieles.

Hoy más que nunca es necesaria la fe. Fe y confianza en el Señor. Empezamos una etapa nueva en la vida y como cristianos lo hacemos poniendo nuestras esperanzas en Cristo, nuestro Dios y Señor. Así lo hicieron los pastores. Ellos creyeron las palabras del Ángel y dejando todo lo que tenian, salieron corriendo y adoraron a Cristo. Lo que encontraron ante sus ojos, humanamente, no era para prestarle adoración. Pensad por un momento que lo que se encontraron fue un establo, vacas, asno, una pareja -José y María- y un bebé en un pesebre donde comian los animales. La imagen no es precisamente para pensar que aquel niño era a los ojos de los hombres, alguien importante. Ciertamente si a cualquiera de nosotros se nos dice que ese niño en un establo es el hijo de Dios, el Mesías, el Señor...hubiésemos dudado... Los pastores fueron, se postraron y lo adoraron...¡¡Qué fe tan grande!!

Ojalá nosotros, al empezar el año, nos postremos a los pies del Señor, confiemos en su Palabra, creamos en él y lo adoremos...

¿Por qué nos cuesta tanto confiar en el Señor? ¿Por qué no acabamos de creer que el único camino a la verdadera felicidad es el Evangelio?

Pido a Dios en este día que durante este año aumente nuestra fe, esperanza y caridad. Que crezcamos en nuestra entrega a Dios y a los hermanos. Que de una vez por todas nos dejemos de pegos y nos pongamos a ser de verdad cristianos, a ser de verdad hermanos, a querer a nuestra Madre la Virgen María, a amar a nuestra madre la Iglesia...

Que este año 2012 sea el año en el que de una vez por todas, los cristianos brillemos por la santidad de nuestras obras. Que callemos tantas bocas de impresentables que se regocijan insultando y menospreciando la fe, la religión, la Iglesia...los callemos con nuestro testimonio, con nuestra coherencia, con nuestro perdón.

Quiero terminar esta reflexión haciendo mias las palabras del libro de los Números y que la bendición de Dios descienda sobre todos y cada uno de vosotros.

¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Fray Luís de Granada: Reflexiones para la Navidad

Estos textos de Fray Luis de Granada nos pueden ayudar a vivir desde lo más hondo de nuestros corazones el gran misterio de la Navidad:

Enlace a los textos sobre la Navidad de Fray Luís de Granada, O.P.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!! y ¡¡¡PRÓSPERO 2012!!!

Fray Luís de Granada: Reflexiones para la Navidad

Estos textos de Fray Luis de Granada nos pueden ayudar a vivir desde lo más hondo de nuestros corazones el gran misterio de la Navidad:

Enlace a los textos sobre la Navidad de Fray Luís de Granada, O.P.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!! y ¡¡¡PRÓSPERO 2012!!!

FELIZ NAVIDAD 2011



La Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba te desea una muy FELIZ NAVIDAD

Ha nacido el Hijo de Dios

FELIZ NAVIDAD 2011



La Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba te desea una muy FELIZ NAVIDAD

Ha nacido el Hijo de Dios

Horario de Misas de Navidad

El horario de misas en las Fiestas de Navidad será el siguiente:

DÍA 24 DE DICIEMBRE

20'00 h. Misa del día.
24'00 h. Misa del Gallo.

DÍA 25 DE DICIEMBRE

12'00 h.
20'00 h.
(No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

DÍA 31 DE DICIEMBRE

20'00 h.

DÍA 1 DE ENERO

12'00 h.
20'00 h.
(No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

Horario de Misas de Navidad

El horario de misas en las Fiestas de Navidad será el siguiente:

DÍA 24 DE DICIEMBRE

20'00 h. Misa del día.
24'00 h. Misa del Gallo.

DÍA 25 DE DICIEMBRE

12'00 h.
20'00 h.
(No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

DÍA 31 DE DICIEMBRE

20'00 h.

DÍA 1 DE ENERO

12'00 h.
20'00 h.
(No habrá Misa a las 10'00 h. de la mañana)

sábado, 17 de diciembre de 2011

«Será grande, se llamará Hijo del Altísimo (...) y su reino no tendrá fin.»

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: 2º Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.16 // Salmo 88 // Romanos 16, 25-27 // Lucas 1, 26-38.

Queridos hermanos y hermanas:

La Anunciación. Fra Angelico. 1430-1432Ya llegamos a la Navidad. Pero ¿de verdad nos damos cuenta de lo que estamos celebrando? ¿Tenemos clara conciencia de la grandeza de la Navidad?

El hecho más relevante de la historia de la humanidad es, sin duda, el Nacimiento de Dios. Tan importante fue este acontecimiento que la historia se divide en “antes” y “después” de Cristo. Sin embargo, ese hecho fue antecedido por el misterio más grande nuestra fe cristiana: la Encarnación de Dios, es decir, Dios hecho hombre en el seno de la Santísima Virgen María.

Así describe este Misterio el máximo poeta de la Mística, San Juan de la Cruz:

“Entonces llamó a un arcángel que San Gabriel se decía, y enviolo a una doncella que se llamaba María, de cuyo consentimiento el misterio se hacía, en el cual la Trinidad de carne al Verbo vestía; y aunque Tres hacen la obra, en el Uno se hacía; y quedó el Verbo encarnado en el vientre de María. Y el que tenía sólo Padre, ya también Madre tenía, aunque no como cualquiera que de varón concebía, que de las entrañas de ella Él su carne recibía; por lo cual Hijo de Dios y del hombre se decía”. (Romance 8)

¿Qué significa este gran misterio, el más grande acontecimiento de la humanidad… tan grande que la historia se divide en antes y después de Cristo?.

Lo que celebramos en Navidad es tan grande que de no haber nacido Cristo, nuestra meta final sería el Infierno. Así de grave. Debido al Pecado Original y a los pecados que hemos ido añadiendo a éste, los seres humanos tendemos de manera natural a la condenación. Tenemos un cierto sentido del bien, un eco en nuestro interior de lo que nuestro Creador desea para nosotros. Pero nuestra naturaleza humana caída lucha, porque su sensibilidad tiende a preferir el pecado. Es que la gloria de la Encarnación y del Nacimiento de Jesús consiste en que ya no tenemos que quedar excluidos del Cielo. Después de la primera Navidad –aquélla en que nació Jesús en Belén- tenemos Esperanza. ¡Eso es lo que celebramos en la Navidad! ¡Nada menos! ¡La Esperanza de nuestra Salvación!

El problema es que la bulla y la agitación de estos días nos hace perder la perspectiva de lo que significan estos misterios infinitos que celebramos en Navidad. Y si no nos damos cuenta de la gravedad de nuestra situación de pecado y de nuestra tendencia al pecado, no podemos asumir la necesidad que tenemos de ser salvados. Hemos despojado a la Navidad de todo sentido religioso. ¡Es algo tan absurdo! La Navidad es el nacimiento del Hijo de Dios y nosotros queremos despojarla de todo sentido religioso. ¡Que payasada! Es como querer despojar a la fiesta de cumpleaños de nuestros hijos de toda connotación de cumplir años. Es el pego más gordo de nuestros días. La Navidad es el aniversario del Nacimiento del Hijo de Dios, de Jesús. Y todo lo demás son tonterías y pegos.

El que no sea creyente, el que practica otra religión que no celebre la Navidad, que pida en su trabajo poder seguir trabajando estos días porque para él no son días de celebrar nada. Pero queremos tener los privilegios de poder celebrar la fiesta cristiana de la Navidad pero que por favor no le den sentido religioso, ¡¡¡porque no creemos!!! Estupendo, lo que pretende nuestra sociedad laica es poder tener vacaciones de Navidad pero que los creyentes no podamos celebrar religiosamente la Navidad, que nuestros derechos no cuenten porque los importantes son los suyos.

Esta es la gran paradoja de nuestros días. Y por desgracia, hay muchos cristianos que apoyan, que están de acuerdo y que ven perfectamente esto. ¡Que pena! Los mismos creyentes tirando piedras contra nuestro propio tejado.

Vamos a vivir de verdad estos últimos días de adviento, vamos a entregarnos de corazón para prepararnos y vivir la Navidad en nuestras familias con una gran fe, amor, caridad, entrega…

Que Dios os bendiga a todos y os conceda una feliz navidad. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Será grande, se llamará Hijo del Altísimo (...) y su reino no tendrá fin.»

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: 2º Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a.16 // Salmo 88 // Romanos 16, 25-27 // Lucas 1, 26-38.

Queridos hermanos y hermanas:

La Anunciación. Fra Angelico. 1430-1432Ya llegamos a la Navidad. Pero ¿de verdad nos damos cuenta de lo que estamos celebrando? ¿Tenemos clara conciencia de la grandeza de la Navidad?

El hecho más relevante de la historia de la humanidad es, sin duda, el Nacimiento de Dios. Tan importante fue este acontecimiento que la historia se divide en “antes” y “después” de Cristo. Sin embargo, ese hecho fue antecedido por el misterio más grande nuestra fe cristiana: la Encarnación de Dios, es decir, Dios hecho hombre en el seno de la Santísima Virgen María.

Así describe este Misterio el máximo poeta de la Mística, San Juan de la Cruz:

“Entonces llamó a un arcángel que San Gabriel se decía, y enviolo a una doncella que se llamaba María, de cuyo consentimiento el misterio se hacía, en el cual la Trinidad de carne al Verbo vestía; y aunque Tres hacen la obra, en el Uno se hacía; y quedó el Verbo encarnado en el vientre de María. Y el que tenía sólo Padre, ya también Madre tenía, aunque no como cualquiera que de varón concebía, que de las entrañas de ella Él su carne recibía; por lo cual Hijo de Dios y del hombre se decía”. (Romance 8)

¿Qué significa este gran misterio, el más grande acontecimiento de la humanidad… tan grande que la historia se divide en antes y después de Cristo?.

Lo que celebramos en Navidad es tan grande que de no haber nacido Cristo, nuestra meta final sería el Infierno. Así de grave. Debido al Pecado Original y a los pecados que hemos ido añadiendo a éste, los seres humanos tendemos de manera natural a la condenación. Tenemos un cierto sentido del bien, un eco en nuestro interior de lo que nuestro Creador desea para nosotros. Pero nuestra naturaleza humana caída lucha, porque su sensibilidad tiende a preferir el pecado. Es que la gloria de la Encarnación y del Nacimiento de Jesús consiste en que ya no tenemos que quedar excluidos del Cielo. Después de la primera Navidad –aquélla en que nació Jesús en Belén- tenemos Esperanza. ¡Eso es lo que celebramos en la Navidad! ¡Nada menos! ¡La Esperanza de nuestra Salvación!

El problema es que la bulla y la agitación de estos días nos hace perder la perspectiva de lo que significan estos misterios infinitos que celebramos en Navidad. Y si no nos damos cuenta de la gravedad de nuestra situación de pecado y de nuestra tendencia al pecado, no podemos asumir la necesidad que tenemos de ser salvados. Hemos despojado a la Navidad de todo sentido religioso. ¡Es algo tan absurdo! La Navidad es el nacimiento del Hijo de Dios y nosotros queremos despojarla de todo sentido religioso. ¡Que payasada! Es como querer despojar a la fiesta de cumpleaños de nuestros hijos de toda connotación de cumplir años. Es el pego más gordo de nuestros días. La Navidad es el aniversario del Nacimiento del Hijo de Dios, de Jesús. Y todo lo demás son tonterías y pegos.

El que no sea creyente, el que practica otra religión que no celebre la Navidad, que pida en su trabajo poder seguir trabajando estos días porque para él no son días de celebrar nada. Pero queremos tener los privilegios de poder celebrar la fiesta cristiana de la Navidad pero que por favor no le den sentido religioso, ¡¡¡porque no creemos!!! Estupendo, lo que pretende nuestra sociedad laica es poder tener vacaciones de Navidad pero que los creyentes no podamos celebrar religiosamente la Navidad, que nuestros derechos no cuenten porque los importantes son los suyos.

Esta es la gran paradoja de nuestros días. Y por desgracia, hay muchos cristianos que apoyan, que están de acuerdo y que ven perfectamente esto. ¡Que pena! Los mismos creyentes tirando piedras contra nuestro propio tejado.

Vamos a vivir de verdad estos últimos días de adviento, vamos a entregarnos de corazón para prepararnos y vivir la Navidad en nuestras familias con una gran fe, amor, caridad, entrega…

Que Dios os bendiga a todos y os conceda una feliz navidad. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

martes, 13 de diciembre de 2011

Nuevo album de fotos: Confirmaciones dic-2011

Se encuentra accesible en el apartado de "Fotos" un nuevo álbum con más de 30 fotografías realizadas por nuestro estimado Jesús del Caño, en la visita que el vicario del señor obispo, D. Manuel Hinojosa, efectuó a nuestra iglesia parroquial el pasado día 19 de noviembre de 2011 para administrar el Sacramento de la Confirmación a numerosos fieles de nuestra parroquia.

Esperamos que disfrutéis viéndolas y recordando este día tan importante para toda nuestra comunidad parroquial.


Confirmaciones Noviembre de 2011

Nuevo album de fotos: Confirmaciones dic-2011

Se encuentra accesible en el apartado de "Fotos" un nuevo álbum con más de 30 fotografías realizadas por nuestro estimado Jesús del Caño, en la visita que el vicario del señor obispo, D. Manuel Hinojosa, efectuó a nuestra iglesia parroquial el pasado día 19 de noviembre de 2011 para administrar el Sacramento de la Confirmación a numerosos fieles de nuestra parroquia.

Esperamos que disfrutéis viéndolas y recordando este día tan importante para toda nuestra comunidad parroquial.


Confirmaciones Noviembre de 2011

Recuerdos de las "Migas de los Pastores 2011"

El pasado sábado día 10 de diciembre de 2011 celebramos en la Parroquia del Beato Álvaro, las tradicionales migas de los pastores. Esta jornada es una verdadera fiesta en la que nos encontramos los distintos colaboradores de la Parroquia. Es un día en el que participan las familias de los colaboradores, que durante el año no nos vemos porque cada uno está enfrascado en sus tareas y que este día vivimos la alegría de pertenecer a la comunidad parroquial. Es también un momento privilegiado para felicitar y desearnos entre todos una Feliz Navidad y próspero año nuevo. Deseos que hacemos extensibles a todos.

Recuerdos de las "Migas de los Pastores 2011"

El pasado sábado día 10 de diciembre de 2011 celebramos en la Parroquia del Beato Álvaro, las tradicionales migas de los pastores. Esta jornada es una verdadera fiesta en la que nos encontramos los distintos colaboradores de la Parroquia. Es un día en el que participan las familias de los colaboradores, que durante el año no nos vemos porque cada uno está enfrascado en sus tareas y que este día vivimos la alegría de pertenecer a la comunidad parroquial. Es también un momento privilegiado para felicitar y desearnos entre todos una Feliz Navidad y próspero año nuevo. Deseos que hacemos extensibles a todos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

«Estad siempre alegres. Sed constantes en orar.»

III DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: Isaías 61, 1-2a. 10-11 // Salmo: Lucas 1 , 46-50.53-54 // 1ª Tesalonicenses 5, 16-24 // Juan 1, 6-8.19-28.

Queridos hermanos y hermanas:

«Estad siempre alegres. Sed constantes en orar.»Estamos ya en el tercer domingo de adviento, quedan apenas dos semanas para que celebremos la Navidad. Sería un buen momento para plantearnos si de verdad me estoy preparando convenientemente en mi vida espiritual y cristiana para que nazca el Señor en nuestros corazones. Es un momentos privilegiado para retomar con gozo y con ilusión la tarea de convertir nuestras vidas.

En esta tercera semana de adviento la tónica general de las lecturas es el gozo y la alegria cimentados en la Esperanza. El Apóstol Pablo, en su Carta a los Tesalonicenses (2ªLectura de hoy) nos dice: "Estad siempre alegres". Es la llamada que nos hace hoy el Señor a vivir la Alegría, la verdadera alegría que brota del corazón del hombre que se ve inundado de la Gracia Divina. El corazón del hombre vive apenado por las angustias y las tristezas de nuestro mundo. Los problemas y los sinsabores de nuestros días. El hombre necesita urgentemente vivir el gozo, la alegría y la paz. Esa alegría no es la "juerga", es la verdadera Alegría que nace de dentro, que brota de la Gracia y que hace que incluso las angustias y las cruces se vivan con gozo en el Señor. Es la alegría que el mundo no comprende pero que es la única que nos procura la auténtica felicidad. Brota del encuentro con el Señor, por eso continúa el Apóstol diciéndonos: "Sed Constantes en el orar".

Queridos hermanos, sólo desde una oración constante y entregada diariamente podremos tener ese encuentro con el Señor, podremos experimentar su Gracia y su presencia. Oración constante, no podemos orar un día, luego siete no lo hacemos, luego tres volvemos a hacerlo... Así no podemos alcanzar una oración constante... Podría ser un buen objetivo para este tiempo de Adviento el proponernos de una forma real y verdadera hacer TODOS los días un ratito de oración. Siendo fieles, cumpliéndolo todos los días, sin excusas, sin pretextos...

Continúa el Apóstol Pablo diciendo: "Dad gracias a Dios en toda ocasión...". Es cierto que rezamos, pero nuestra oración se suele convertir en un monólogo de súplicas. Pedimos, pedimos, pedimos... y está bien que lo hagamos, pero... ¿damos gracias a Dios con las mismas ganas y fuerzas con las que le pedimos cosas? Estoy convencido que no, que para pedir acudimos facilmente a Dios pero cuando las cosas nos van bien normalmente no acudimos a darle Gracias.

Así vivió Juan Bautista, siendo constante en la oración y el sacrificio, viviendo la alegría de entregarse en las manos de Dios, viviendo muy austeramente, pobremente, valorando lo material sólo en lo estrictamente necesario, predicando la venida del Salvador... Y fue tremendamente feliz.

Aprendamos hoy de los santos, de una manera especial de Juan Bautista, que entregó su vida por anunciar al Señor. Y entreguemos nuestra vida, desgastemos nuestra existencia en proclamar las maravillas del Señor.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor. Un abrazo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Estad siempre alegres. Sed constantes en orar.»

III DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas: Isaías 61, 1-2a. 10-11 // Salmo: Lucas 1 , 46-50.53-54 // 1ª Tesalonicenses 5, 16-24 // Juan 1, 6-8.19-28.

Queridos hermanos y hermanas:

«Estad siempre alegres. Sed constantes en orar.»Estamos ya en el tercer domingo de adviento, quedan apenas dos semanas para que celebremos la Navidad. Sería un buen momento para plantearnos si de verdad me estoy preparando convenientemente en mi vida espiritual y cristiana para que nazca el Señor en nuestros corazones. Es un momentos privilegiado para retomar con gozo y con ilusión la tarea de convertir nuestras vidas.

En esta tercera semana de adviento la tónica general de las lecturas es el gozo y la alegria cimentados en la Esperanza. El Apóstol Pablo, en su Carta a los Tesalonicenses (2ªLectura de hoy) nos dice: "Estad siempre alegres". Es la llamada que nos hace hoy el Señor a vivir la Alegría, la verdadera alegría que brota del corazón del hombre que se ve inundado de la Gracia Divina. El corazón del hombre vive apenado por las angustias y las tristezas de nuestro mundo. Los problemas y los sinsabores de nuestros días. El hombre necesita urgentemente vivir el gozo, la alegría y la paz. Esa alegría no es la "juerga", es la verdadera Alegría que nace de dentro, que brota de la Gracia y que hace que incluso las angustias y las cruces se vivan con gozo en el Señor. Es la alegría que el mundo no comprende pero que es la única que nos procura la auténtica felicidad. Brota del encuentro con el Señor, por eso continúa el Apóstol diciéndonos: "Sed Constantes en el orar".

Queridos hermanos, sólo desde una oración constante y entregada diariamente podremos tener ese encuentro con el Señor, podremos experimentar su Gracia y su presencia. Oración constante, no podemos orar un día, luego siete no lo hacemos, luego tres volvemos a hacerlo... Así no podemos alcanzar una oración constante... Podría ser un buen objetivo para este tiempo de Adviento el proponernos de una forma real y verdadera hacer TODOS los días un ratito de oración. Siendo fieles, cumpliéndolo todos los días, sin excusas, sin pretextos...

Continúa el Apóstol Pablo diciendo: "Dad gracias a Dios en toda ocasión...". Es cierto que rezamos, pero nuestra oración se suele convertir en un monólogo de súplicas. Pedimos, pedimos, pedimos... y está bien que lo hagamos, pero... ¿damos gracias a Dios con las mismas ganas y fuerzas con las que le pedimos cosas? Estoy convencido que no, que para pedir acudimos facilmente a Dios pero cuando las cosas nos van bien normalmente no acudimos a darle Gracias.

Así vivió Juan Bautista, siendo constante en la oración y el sacrificio, viviendo la alegría de entregarse en las manos de Dios, viviendo muy austeramente, pobremente, valorando lo material sólo en lo estrictamente necesario, predicando la venida del Salvador... Y fue tremendamente feliz.

Aprendamos hoy de los santos, de una manera especial de Juan Bautista, que entregó su vida por anunciar al Señor. Y entreguemos nuestra vida, desgastemos nuestra existencia en proclamar las maravillas del Señor.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor. Un abrazo. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

«Bendita tú eres entre todas las mujeres»

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Lecturas: Génesis 3, 9-15. 20. // Salmo 97 // Efesios 1, 3-6. 11-12. // Lucas 1, 26-38.

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Inmaculada Concepción de El Escorial. Bartolomé Esteban Murillo. 1660-1665En la carta a los Efesios, que acabamos de escuchar, dice san Pablo que Dios “nos ha destinado en la Persona de Cristo –por pura iniciativa suya– a ser hijos de Dios” (Ef 1,5); y añade: “Con Cristo hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad” (Ef. 1,11b).

Sólo la gracia de Cristo nos hace hijos de Dios, porque sólo Cristo es verdadero hijo de Dios, engendrado antes de los siglos y aparecido en el tiempo al nacer de la Virgen María. La filiación divina, sin embargo, es posible por el designio de Dios Padre que así ha querido incorporarnos, por su gracia, al destino de su Hijo unigénito, Jesucristo nuestro Señor.

Venimos a ser hijos de Dios por el bautismo, que perdona los pecados y nos agrega a la Iglesia, verdadero cuerpo de Cristo, donde recibimos la gracia de la salvación y de la santificación por medio de los sacramentos. El bautismo borra el pecado original recibido de nuestros padres, como acabamos de escuchar en la lectura del Génesis. Todos nacemos en un mundo pecador en el que somos marcados desde el origen de nuestra existencia por el pecado; y borra los pecados personales cometidos antes de haberlo recibido. El bautismo ha sido instituido por Cristo como medio de acceso a la gracia de la redención. Es universalmente necesario, porque todos nacemos bajo el signo del pecado.

La Virgen María fue preservada de un modo singular del destino de nacer bajo el signo del pecado, en esta situación de perdición universal; y lo fue porque aquel que “hace todo según su voluntad” (Ef 1,11b) así lo quiso para ella, en preparación de su divina maternidad: la que había de ser madre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo no podía nacer de una madre marcada por el pecado. El Redentor del mundo no podía quedar marcado por el pecado de su madre. La que con toda justicia habría de ser invocada como verdadera madre de Dios, tal como la proclamó el año 431 el Concilio de Éfeso, no podía nacer alejada de Dios por el pecado, por eso había de ser Inmaculada. El Papa Benedicto XVI explica el misterio de María Inmaculada diciendo: “Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parece al inicio de la historia con Adán y Eva” (BENEDICTO XVI, Homilía en la Basílica de San Pedro, 8 de diciembre de 2005). El pecado ha sido vencido gracias al linaje de la mujer, que recibió el mensaje del ángel y con su sí a la propuesta divina de ser madre del Salvador, abrió para la humanidad las puertas de la salvación.

La oración solemne de este día, llamada colecta porque quiere recoger y aunar la plegaria de toda la asamblea celebrante, recoge, en efecto, la fe de quienes invocan a María y ven en ella la realización perfecta de la gracia mediante la cual quiso Dios preparar una digna morada a su Hijo. La intercesión de que María goza ante Dios por medio de Cristo su Hijo recibe su justificación perfecta de la divina maternidad de María. Fue por obra y gracia del Espíritu Santo como María llegó a ser la madre del Hijo eterno de Dios; obra de la gracia que se manifiesta en la perfección de la fe de María, continuadora de la fe de Abrahán, que la lleva a plenitud, mediante la cual aparece ante Isabel como la que es portadora de la particular bendición de Dios: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (…) ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,42.45).

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día de la Virgen, a ella os encomiendo de todo corazón. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

«Bendita tú eres entre todas las mujeres»

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Lecturas: Génesis 3, 9-15. 20. // Salmo 97 // Efesios 1, 3-6. 11-12. // Lucas 1, 26-38.

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Inmaculada Concepción de El Escorial. Bartolomé Esteban Murillo. 1660-1665En la carta a los Efesios, que acabamos de escuchar, dice san Pablo que Dios “nos ha destinado en la Persona de Cristo –por pura iniciativa suya– a ser hijos de Dios” (Ef 1,5); y añade: “Con Cristo hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad” (Ef. 1,11b).

Sólo la gracia de Cristo nos hace hijos de Dios, porque sólo Cristo es verdadero hijo de Dios, engendrado antes de los siglos y aparecido en el tiempo al nacer de la Virgen María. La filiación divina, sin embargo, es posible por el designio de Dios Padre que así ha querido incorporarnos, por su gracia, al destino de su Hijo unigénito, Jesucristo nuestro Señor.

Venimos a ser hijos de Dios por el bautismo, que perdona los pecados y nos agrega a la Iglesia, verdadero cuerpo de Cristo, donde recibimos la gracia de la salvación y de la santificación por medio de los sacramentos. El bautismo borra el pecado original recibido de nuestros padres, como acabamos de escuchar en la lectura del Génesis. Todos nacemos en un mundo pecador en el que somos marcados desde el origen de nuestra existencia por el pecado; y borra los pecados personales cometidos antes de haberlo recibido. El bautismo ha sido instituido por Cristo como medio de acceso a la gracia de la redención. Es universalmente necesario, porque todos nacemos bajo el signo del pecado.

La Virgen María fue preservada de un modo singular del destino de nacer bajo el signo del pecado, en esta situación de perdición universal; y lo fue porque aquel que “hace todo según su voluntad” (Ef 1,11b) así lo quiso para ella, en preparación de su divina maternidad: la que había de ser madre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo no podía nacer de una madre marcada por el pecado. El Redentor del mundo no podía quedar marcado por el pecado de su madre. La que con toda justicia habría de ser invocada como verdadera madre de Dios, tal como la proclamó el año 431 el Concilio de Éfeso, no podía nacer alejada de Dios por el pecado, por eso había de ser Inmaculada. El Papa Benedicto XVI explica el misterio de María Inmaculada diciendo: “Ella es el vástago, del que deriva el árbol de la redención y de los redimidos. Dios no ha fracasado, como podía parece al inicio de la historia con Adán y Eva” (BENEDICTO XVI, Homilía en la Basílica de San Pedro, 8 de diciembre de 2005). El pecado ha sido vencido gracias al linaje de la mujer, que recibió el mensaje del ángel y con su sí a la propuesta divina de ser madre del Salvador, abrió para la humanidad las puertas de la salvación.

La oración solemne de este día, llamada colecta porque quiere recoger y aunar la plegaria de toda la asamblea celebrante, recoge, en efecto, la fe de quienes invocan a María y ven en ella la realización perfecta de la gracia mediante la cual quiso Dios preparar una digna morada a su Hijo. La intercesión de que María goza ante Dios por medio de Cristo su Hijo recibe su justificación perfecta de la divina maternidad de María. Fue por obra y gracia del Espíritu Santo como María llegó a ser la madre del Hijo eterno de Dios; obra de la gracia que se manifiesta en la perfección de la fe de María, continuadora de la fe de Abrahán, que la lleva a plenitud, mediante la cual aparece ante Isabel como la que es portadora de la particular bendición de Dios: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (…) ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,42.45).

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día de la Virgen, a ella os encomiendo de todo corazón. Tomás Pajuelo Romero. Párroco.

Calendario de Adviento

Os dejamos un enlace a un Calendario de Adviendo interactivo elaborado por la Archidiócesis de Valencia cuyo seguimiento en este tiempo pensamos puede ser atractivo y muy instructivo a la vez.

Para seguirlo basta con pinchar en la parte inferior de la pantalla del calendario sobre el día que se desee y saldrán los contenidos correspondiente.

Calendario de Adviento

Os dejamos un enlace a un Calendario de Adviendo interactivo elaborado por la Archidiócesis de Valencia cuyo seguimiento en este tiempo pensamos puede ser atractivo y muy instructivo a la vez.

Para seguirlo basta con pinchar en la parte inferior de la pantalla del calendario sobre el día que se desee y saldrán los contenidos correspondiente.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Meditaciones del Retiro de Adviento 2011 en El Bañuelo

Tal como anunciamos, el pasado día 3 de diciembre de 2011 se celebró un retiro en el Desierto del Bañuelo para preparar el Adviento. A continuación os dejamos las meditaciones del retiro, para que se puedan aprovechar por parte de quienes no pudieron subir o para que se relean y recuerden la jornada de retiro y encuentro que tuvimos ese día.




Meditaciones del Retiro de Adviento 2011 en El Bañuelo

Tal como anunciamos, el pasado día 3 de diciembre de 2011 se celebró un retiro en el Desierto del Bañuelo para preparar el Adviento. A continuación os dejamos las meditaciones del retiro, para que se puedan aprovechar por parte de quienes no pudieron subir o para que se relean y recuerden la jornada de retiro y encuentro que tuvimos ese día.




domingo, 4 de diciembre de 2011

«Allanad cerros y colinas... Rellenar quebradas y barrancos... Enderezar los caminos torcidos y con curvas»

II DOMINGO DE ADVIENTO - Ciclo B

Lecturas: Isaías 40,1-5.9-11 // Salmo 85(84) // 2ª Carta de San Pedro 3,8-14 // Marcos 1,1-8

Las Lecturas de este Segundo Domingo de Adviento nos invitan a prepararnos para la celebración de la venida de Jesús, a celebrar su cumpleaños en esta Navidad.

Todo Adviento tiene este sentido de preparación. Todo Adviento contiene una llamada a la conversión, al cambio de vida. Será, por tanto, una oportunidad maravillosa para crecer en la fe, incrementar la esperanza y mejor vivir en la caridad.

El Evangelio de hoy nos presenta a San Juan Bautista, uno de los principales personajes bíblicos de este Tiempo de Adviento, que es tiempo de preparación a la venida de Cristo. La Liturgia de estos días nos recuerda las cosas que hacía y que decía el Precursor del Señor. Este personaje ya había sido anunciado en el Antiguo Testamento como “una voz que clama en el desierto” y que diría: “Preparen el camino del señor ... Rellénense todas las quebradas y barrancos, aplánense todos los cerros y colinas; los caminos torcidos con curvas serán enderezados y los ásperos serán suavizados” (Is. 40, 1-5).

En la Primera lectura de hoy el profeta nos habla del Reino, si observamos el detalle que da el Profeta Isaías sobre cómo se prepara el camino del Señor tenemos más información de cómo puede ser ese proceso de conversión y de arrepentimiento al que estamos llamados muy especialmente durante este tiempo de Adviento, que nos presenta la Liturgia de la Iglesia en preparación para la venida del Señor.

“Allanad cerros y colinas” significa rebajar las alturas de nuestro orgullo, nuestra soberbia, nuestra altivez, nuestro engreimiento, nuestra auto-suficiencia, nuestra arrogancia, nuestra ira, nuestra impaciencia, nuestra violencia, etc...

“Rellenar quebradas y barrancos” significa rellenar las bajezas de nuestro egoísmo, de nuestra envidia, nuestras rivalidades, odios, venganzas, reticencias... pecados todos que dificultan el poder vivir en armonía unos con otros, pecados que impiden la realización de ese Reino de Paz y Justicia que Cristo viene a traernos.

“Enderezar los caminos torcidos y con curvas” significa rectificar el camino, cambiar de rumbo si vamos por caminos torcidos y equivocados, que no nos llevan a Dios. ¿A dónde queremos ir? ¿Hacia dónde estamos dirigiéndonos? ¿Estamos preparándonos para que el Señor nos encuentre, como nos dice San Pedro en la Segunda Lectura, “en paz con El, sin mancha, ni reproche”? (2 Pe. 3, 8-14).

Más aún, el Precursor del Mesías anuncia algo muy importante: “Yo os bautizo con agua, pero El os bautizará con Espíritu Santo”. Luego el mismo Cristo confirmará este anuncio de Juan el Bautista. En el diálogo con Nicodemo, Jesús le dice a éste: “En verdad te digo, nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Y ante el asombro de Nicodemo, Cristo le explica: “El que no renace de agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios ...Por eso no te extrañes que te haya dicho que necesitas nacer de nuevo, de arriba” (Jn. 3, 3-7).

¿Qué es nacer de nuevo, de arriba? Para entender esto, no hay más que ver a los Apóstoles antes y después de Pentecostés (ver Hech. 2 y 5, 17-41). Antes eran torpes para entender las Sagradas Escrituras y aún para entender las enseñanzas que recibieron directamente del Señor. También eran débiles en su fe. Eran, además, temerosos para presentarse como seguidores de Jesús, por miedo a ser perseguidos.

Pero sí hicieron algo muy importante: creyeron en el anuncio del Señor: “No os alejéis de Jerusalén, sino esperad lo que prometió el Padre, de lo que Yo les he hablado: que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días” (Hech. 1, 4-5).

Y ¿cómo se nace de nuevo, de arriba? ¿Cómo se nace del Espíritu Santo? Para esto también hay que ver a los Apóstoles muy especialmente en los días entre la Ascención del Señor y Pentecostés y también a lo largo de todos los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles:

“Todos ellos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus hermanos”. (Hech. 1, 14).

El Adviento nos prepara para todo esto, y nos prepara también para la celebración de la Navidad, en que recordamos la venida histórica de Cristo. Pero la Carta de San Pedro que nos trae la Segunda Lectura nos recuerda el segundo significado del Adviento: nos recuerda que también nos preparamos para la segunda venida de Cristo, es decir, para el establecimiento de ese Reino que Cristo vendrá a establecer y del que habló a Nicodemo. San Pedro nos describe, sin ahorrar detalles, cómo será ese día.

Preparemos el nacimiento de Cristo con interés, pongamos todo el empeño en esforzarnos en transformar nuestras vidas, para ser merecedores de la Gracia de Dios.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


«Allanad cerros y colinas... Rellenar quebradas y barrancos... Enderezar los caminos torcidos y con curvas»

II DOMINGO DE ADVIENTO - Ciclo B

Lecturas: Isaías 40,1-5.9-11 // Salmo 85(84) // 2ª Carta de San Pedro 3,8-14 // Marcos 1,1-8

Las Lecturas de este Segundo Domingo de Adviento nos invitan a prepararnos para la celebración de la venida de Jesús, a celebrar su cumpleaños en esta Navidad.

Todo Adviento tiene este sentido de preparación. Todo Adviento contiene una llamada a la conversión, al cambio de vida. Será, por tanto, una oportunidad maravillosa para crecer en la fe, incrementar la esperanza y mejor vivir en la caridad.

El Evangelio de hoy nos presenta a San Juan Bautista, uno de los principales personajes bíblicos de este Tiempo de Adviento, que es tiempo de preparación a la venida de Cristo. La Liturgia de estos días nos recuerda las cosas que hacía y que decía el Precursor del Señor. Este personaje ya había sido anunciado en el Antiguo Testamento como “una voz que clama en el desierto” y que diría: “Preparen el camino del señor ... Rellénense todas las quebradas y barrancos, aplánense todos los cerros y colinas; los caminos torcidos con curvas serán enderezados y los ásperos serán suavizados” (Is. 40, 1-5).

En la Primera lectura de hoy el profeta nos habla del Reino, si observamos el detalle que da el Profeta Isaías sobre cómo se prepara el camino del Señor tenemos más información de cómo puede ser ese proceso de conversión y de arrepentimiento al que estamos llamados muy especialmente durante este tiempo de Adviento, que nos presenta la Liturgia de la Iglesia en preparación para la venida del Señor.

“Allanad cerros y colinas” significa rebajar las alturas de nuestro orgullo, nuestra soberbia, nuestra altivez, nuestro engreimiento, nuestra auto-suficiencia, nuestra arrogancia, nuestra ira, nuestra impaciencia, nuestra violencia, etc...

“Rellenar quebradas y barrancos” significa rellenar las bajezas de nuestro egoísmo, de nuestra envidia, nuestras rivalidades, odios, venganzas, reticencias... pecados todos que dificultan el poder vivir en armonía unos con otros, pecados que impiden la realización de ese Reino de Paz y Justicia que Cristo viene a traernos.

“Enderezar los caminos torcidos y con curvas” significa rectificar el camino, cambiar de rumbo si vamos por caminos torcidos y equivocados, que no nos llevan a Dios. ¿A dónde queremos ir? ¿Hacia dónde estamos dirigiéndonos? ¿Estamos preparándonos para que el Señor nos encuentre, como nos dice San Pedro en la Segunda Lectura, “en paz con El, sin mancha, ni reproche”? (2 Pe. 3, 8-14).

Más aún, el Precursor del Mesías anuncia algo muy importante: “Yo os bautizo con agua, pero El os bautizará con Espíritu Santo”. Luego el mismo Cristo confirmará este anuncio de Juan el Bautista. En el diálogo con Nicodemo, Jesús le dice a éste: “En verdad te digo, nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Y ante el asombro de Nicodemo, Cristo le explica: “El que no renace de agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios ...Por eso no te extrañes que te haya dicho que necesitas nacer de nuevo, de arriba” (Jn. 3, 3-7).

¿Qué es nacer de nuevo, de arriba? Para entender esto, no hay más que ver a los Apóstoles antes y después de Pentecostés (ver Hech. 2 y 5, 17-41). Antes eran torpes para entender las Sagradas Escrituras y aún para entender las enseñanzas que recibieron directamente del Señor. También eran débiles en su fe. Eran, además, temerosos para presentarse como seguidores de Jesús, por miedo a ser perseguidos.

Pero sí hicieron algo muy importante: creyeron en el anuncio del Señor: “No os alejéis de Jerusalén, sino esperad lo que prometió el Padre, de lo que Yo les he hablado: que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días” (Hech. 1, 4-5).

Y ¿cómo se nace de nuevo, de arriba? ¿Cómo se nace del Espíritu Santo? Para esto también hay que ver a los Apóstoles muy especialmente en los días entre la Ascención del Señor y Pentecostés y también a lo largo de todos los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles:

“Todos ellos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus hermanos”. (Hech. 1, 14).

El Adviento nos prepara para todo esto, y nos prepara también para la celebración de la Navidad, en que recordamos la venida histórica de Cristo. Pero la Carta de San Pedro que nos trae la Segunda Lectura nos recuerda el segundo significado del Adviento: nos recuerda que también nos preparamos para la segunda venida de Cristo, es decir, para el establecimiento de ese Reino que Cristo vendrá a establecer y del que habló a Nicodemo. San Pedro nos describe, sin ahorrar detalles, cómo será ese día.

Preparemos el nacimiento de Cristo con interés, pongamos todo el empeño en esforzarnos en transformar nuestras vidas, para ser merecedores de la Gracia de Dios.

Que Dios os bendiga a todos. Feliz día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Informe sobre el aborto en Andalucía

Realizado por profesionales de la Universidad de Córdoba y apoyado por la Diocesis de Córdoba, el informe es un interesantísimo documento desarrollado a través de diferentes perspectivas, tales como: médica y bioética; jurídica; económica; y del magisterio eclesiástico.

Más información en la web de la diocesis.

El informe, en el siguiente enlace: INFORME SOBRE EL ABORTO

Informe sobre el aborto en Andalucía

Realizado por profesionales de la Universidad de Córdoba y apoyado por la Diocesis de Córdoba, el informe es un interesantísimo documento desarrollado a través de diferentes perspectivas, tales como: médica y bioética; jurídica; económica; y del magisterio eclesiástico.

Más información en la web de la diocesis.

El informe, en el siguiente enlace: INFORME SOBRE EL ABORTO

lunes, 28 de noviembre de 2011

Gran Éxito de la Operación Potito 2011


La "Operación Potito", llevada a cabo en la mañana del pasado sábado por los jóvenes de los distintos grupos de Confirmación de la parroquia ha sido todo un éxito ya que en apenas unas horas de campaña por los supermercados y farmacias de nuestro barrio se consiguieron recoger cerca de 2000 potitos.

Desde aquí queremos agradecer y felicitar a Cáritas parroquial, a los jóvenes de la parroquia y todo el barrio en general por su esfuerzo y desinteresada colaboración en esta labor en favor de las familias mas necesitadas de nuestra ciudad.

Gran Éxito de la Operación Potito 2011


La "Operación Potito", llevada a cabo en la mañana del pasado sábado por los jóvenes de los distintos grupos de Confirmación de la parroquia ha sido todo un éxito ya que en apenas unas horas de campaña por los supermercados y farmacias de nuestro barrio se consiguieron recoger cerca de 2000 potitos.

Desde aquí queremos agradecer y felicitar a Cáritas parroquial, a los jóvenes de la parroquia y todo el barrio en general por su esfuerzo y desinteresada colaboración en esta labor en favor de las familias mas necesitadas de nuestra ciudad.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Primer Domingo de Adviento de 2011

Hoy comenzamos un nuevo Año Litúrgico (Ciclo “B”). La Iglesia ha ordenado las Lecturas de los Domingos en tres ciclos: A, B y C, de manera que cada uno de los ciclos se repite cada tres años. Es por ello que las Lecturas de este Ciclo “B” que hoy comenzamos no son las mismas que las del Primer Domingo de Adviento del año pasado.

Es así como en tres años de Lecturas dominicales, los fieles pueden tener una idea bastante completa -sin llegar a ser total- de la historia de la salvación contenida en la Sagrada Escritura.

Y el Año Litúrgico comienza con el Tiempo de Adviento. Hoy es el Primer Domingo de Adviento, tiempo de espera para la venida de Cristo... Y tiempo de espera significa tiempo de preparación para esa venida. Tiempo de Esperanza. Tiempo de Espera.

Las figuras del Adviento son:
  • La Virgen María: es la gran protagonista del Adviento. Ella espero contra toda esperanza, ella fue la que verdaderamente vivió la inminente llegada del Mesias. Ella como madre lo sintió crecer en su seno, lo sintio dentro, cercano, real... ella nos enseña que viviendo como esclavos del Señor y haciendo vida la palabra el mundo se llena de esperanza. Ella una joven de Nazaret se convierte en la gran colaboradora de la obra de la Redención de Dios para el hombre. Aprendamos de la Virgen, imitemos su vida, su ejemplo.

  • Isaias: es el gran profeta que anunció la venida de Cristo, el nacimiento del Mesías. En este tiempo de adviento escucharemos casi todos los días lecturas de este libro de la Biblia. El profeta Isaiás habla inspirado por Dios para llenar de paz, consuelo, esperanza...al pueblo que lo estaba pasando mal. Hoy día estamos viviendo una situación muy parecida. Nuestros contemporáneos están sufriendo las consecuencias terribles de esta crisis: paro, necesidad, desahucios, pobreza, marginación... Cristo viene a ser luz, consuelo, esperanza en esta oscuridad. El Señor viene a nacer en nuestras vidas, necesita de nuestras manos para ser esperanza para nuestros hermanos. Es imprescindible que nosotros cambiemos, recibamos al Señor para llevarlo a los demás.

  • Juan Bautista: el precursor, el que anunció que Jesús era el Mesías. El Cordero de Dios que ha nacido para Salvarnos del pecado. Juan también nació por un milagro de Dios. Es consciente de su misión, anunciar, preparar, proclamar que Dios nace en medio de nosotros. Cada uno de los cristianos deberiamos asumir hoy el papel de Juan el Bautista para anunciar a este mundo que Dios viene a nacer en los corazones de los hombres y mujeres que lo abran a su presencia. Juan predicó en el desierto, nosotros predicamos en el desierto de la increencia, la comodidad, el consumismo, la injusticia la indiferencia religiosa, el ateismo...pero debemos hacerlo cargados de convencimiento y confianza en Dios.

Adviento es tiempo de espera. De limpieza interior. Os explico algunos signos del Adviento:

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


Primer Domingo de Adviento de 2011

Hoy comenzamos un nuevo Año Litúrgico (Ciclo “B”). La Iglesia ha ordenado las Lecturas de los Domingos en tres ciclos: A, B y C, de manera que cada uno de los ciclos se repite cada tres años. Es por ello que las Lecturas de este Ciclo “B” que hoy comenzamos no son las mismas que las del Primer Domingo de Adviento del año pasado.

Es así como en tres años de Lecturas dominicales, los fieles pueden tener una idea bastante completa -sin llegar a ser total- de la historia de la salvación contenida en la Sagrada Escritura.

Y el Año Litúrgico comienza con el Tiempo de Adviento. Hoy es el Primer Domingo de Adviento, tiempo de espera para la venida de Cristo... Y tiempo de espera significa tiempo de preparación para esa venida. Tiempo de Esperanza. Tiempo de Espera.

Las figuras del Adviento son:
  • La Virgen María: es la gran protagonista del Adviento. Ella espero contra toda esperanza, ella fue la que verdaderamente vivió la inminente llegada del Mesias. Ella como madre lo sintió crecer en su seno, lo sintio dentro, cercano, real... ella nos enseña que viviendo como esclavos del Señor y haciendo vida la palabra el mundo se llena de esperanza. Ella una joven de Nazaret se convierte en la gran colaboradora de la obra de la Redención de Dios para el hombre. Aprendamos de la Virgen, imitemos su vida, su ejemplo.

  • Isaias: es el gran profeta que anunció la venida de Cristo, el nacimiento del Mesías. En este tiempo de adviento escucharemos casi todos los días lecturas de este libro de la Biblia. El profeta Isaiás habla inspirado por Dios para llenar de paz, consuelo, esperanza...al pueblo que lo estaba pasando mal. Hoy día estamos viviendo una situación muy parecida. Nuestros contemporáneos están sufriendo las consecuencias terribles de esta crisis: paro, necesidad, desahucios, pobreza, marginación... Cristo viene a ser luz, consuelo, esperanza en esta oscuridad. El Señor viene a nacer en nuestras vidas, necesita de nuestras manos para ser esperanza para nuestros hermanos. Es imprescindible que nosotros cambiemos, recibamos al Señor para llevarlo a los demás.

  • Juan Bautista: el precursor, el que anunció que Jesús era el Mesías. El Cordero de Dios que ha nacido para Salvarnos del pecado. Juan también nació por un milagro de Dios. Es consciente de su misión, anunciar, preparar, proclamar que Dios nace en medio de nosotros. Cada uno de los cristianos deberiamos asumir hoy el papel de Juan el Bautista para anunciar a este mundo que Dios viene a nacer en los corazones de los hombres y mujeres que lo abran a su presencia. Juan predicó en el desierto, nosotros predicamos en el desierto de la increencia, la comodidad, el consumismo, la injusticia la indiferencia religiosa, el ateismo...pero debemos hacerlo cargados de convencimiento y confianza en Dios.

Adviento es tiempo de espera. De limpieza interior. Os explico algunos signos del Adviento:

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


viernes, 25 de noviembre de 2011

Tiempo de Adviento

Comienza el Tiempo de Adviento. Aprendamos algo más sobre este tiempo fuerte para los fieles católicos.

Significado del Adviento:

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.

Esquema del adviento:

Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".

Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.

Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.

Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.

Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.

Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.

Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.

Corona de Adviento:

Origen.

La Corona de Adviento con sus cuatro velas es un símbolo tradicional de Alemania difundido por todo el mundo. Representaba el ruego para que el dios-sol regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, al ver en Jesucristo el origen de la vida y luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías.

Significado.

El círculo de follaje verde, recuerda la eternidad de Dios y nos hace pensar en los miles de años de espera del Mesías, desde Adán hasta su nacimiento y, en la actual espera de la segunda venido de Cristo. El color verde significa la esperanza de la vida.

Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado, son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús.

La vela blanca del centro es la Luz de Jesús que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre.

Celebración.

Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador. La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se "acuesta al niño Jesús" en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Generalmente en los templos se reparten hojas con oraciones sugeridas para esta celebración.

Nuestra preparación

Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.

El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.

La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.

La venida espiritual

En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.

Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: "Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".

Dos venidas entrelazadas

En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?

Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre.Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.

Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".

El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.

No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continua aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.

Tiempo de esperanza

La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena.

Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pro la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.

Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.

"Vigilar y orar"

La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento.

Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo.

Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta.

"Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tilich

Tiempo de Adviento

Comienza el Tiempo de Adviento. Aprendamos algo más sobre este tiempo fuerte para los fieles católicos.

Significado del Adviento:

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.

Esquema del adviento:

Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".

Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.

Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.

Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.

III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.

Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.

Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.

Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.

Corona de Adviento:

Origen.

La Corona de Adviento con sus cuatro velas es un símbolo tradicional de Alemania difundido por todo el mundo. Representaba el ruego para que el dios-sol regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, al ver en Jesucristo el origen de la vida y luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías.

Significado.

El círculo de follaje verde, recuerda la eternidad de Dios y nos hace pensar en los miles de años de espera del Mesías, desde Adán hasta su nacimiento y, en la actual espera de la segunda venido de Cristo. El color verde significa la esperanza de la vida.

Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado, son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús.

La vela blanca del centro es la Luz de Jesús que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre.

Celebración.

Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador. La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se "acuesta al niño Jesús" en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Generalmente en los templos se reparten hojas con oraciones sugeridas para esta celebración.

Nuestra preparación

Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.

El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.

La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.

La venida espiritual

En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.

Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: "Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".

Dos venidas entrelazadas

En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?

Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre.Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.

Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".

El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.

No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continua aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.

Tiempo de esperanza

La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena.

Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pro la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.

Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.

"Vigilar y orar"

La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada. Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento.

Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo.

Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta.

"Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tilich