lunes, 31 de octubre de 2011

Homilía en la Solemnidad de todos los Santos - 2011

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS - 2011

Lecturas: Apocalipsis 7,2-4.9-14. // Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6. // Epístola I de San Juan 3,1-3. // Mateo 5,1-12a.

Celebramos hoy la Solemnidad de todos los Santos. Las Lecturas de hoy nos indican una meta y un camino... La meta: nuestra salvación... El Camino que nos lleva a esa meta es el Camino de la Santidad, el Camino de las Bienaventuranzas que nos relata el mismo Jesucristo en el Evangelio de hoy . (Mt. 5, 1-12)

“La marca con el sello en la frente” que recibirán los salvados y de la cual nos habla la Lectura del Apocalipsis (Ap. 7, 2-4 y 9-14) es para ”los servidores de nuestro Dios”, como también lo dice esa Primera Lectura. ¿Y quién es “servidor de Dios”? Aquél que cumple la Voluntad de Dios, aquél que busca hacer la Voluntad de Dios y no su propia voluntad. Ya en esto de ser “servidores” de Dios, vamos viendo cómo es el Camino de la Santidad, ese Camino que nos lleva a la salvación, que nos lleva a la felicidad eterna en el Cielo. Ser servidor es ser “esclavo”, aunque ahora no se lleva mucho ese vocablo por su significación sociológica. Pero ¡qué apropiada es esa palabra para la vida espiritual!

El esclavo es aquél que no tiene voluntad propia, sino que hace lo que su dueño le indica y le pide. Eso es lo que han sido los Santos: “servidores de Dios”. Eso es lo que han hecho todos los Santos con “S” mayúscula, reconocidos por la Iglesia como Santos. Y es también lo que han hecho todos los santos anónimos que hoy recordamos en esta Solemnidad de Todos los Santos.

Ellos han seguido el Camino... y nosotros también estamos llamados a seguirlo: Todos - sin excepción. Todos estamos llamados a ser Santos. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, basándose en el llamado de Cristo: “Todos los fieles de cualquier estado o régimen de vida son llamados a la santidad”.

Pero la palabra “santidad”, a veces nos intimida y hasta nos asusta, porque nos parece ¡demasiado! Sin embargo, recordemos que no sólo es posible llegar al Cielo, sino que es ése el deseo de nuestro Padre Dios y de Jesucristo, Su Hijo, y de Su Santo Espíritu. Para eso hemos sido creados por Dios Padre, para eso vino Jesucristo a redimirnos, para eso contamos con todas las gracias del Espíritu Santo.

La santidad es una exigencia evangélica que nos recuerda el Magisterio de la Iglesia.

“Sed perfectos como Mi Padre es perfecto” (Mt. 5, 48).

“Así como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta” (1a.Pe. 15).

“Todos los fieles de cualquier estado o régimen de vida ... son llamados a la santidad” (Catecismo de la Iglesia Católica #2013).

Pero nos parece la santidad algo inalcanzable. ¿Y por qué lo ha de ser? ¿Por qué? ¿No somos nosotros exactamente iguales a todos los que han llegado a ser Santos? ¿No somos iguales a tantos santos anónimos, tal vez personas conocidas nuestras, y hasta parientes o familiares, que han respondido al llamado del Señor a seguir Su Camino, para llegar a la meta de la salvación?

Sepamos que la santidad para cada uno de nosotros no es imposible: es perfectamente posible. Eso sí: lo que no se ha dicho es que sea fácil. Eso no lo ha dicho nadie. La Santidad no es fácil. Es un camino difícil. Pero no por difícil es imposible. Sabemos que Dios nos quiere santos. Y si nos quiere santos, sabemos que El nos da todas las gracias, es decir: todas las ayudas que necesitamos para serlo.

¿Qué se requiere entonces para ser santos? Si Dios nos da la Gracia, ¿qué es lo que nosotros debemos poner? ¿En qué consiste nuestro esfuerzo? Nuestro esfuerzo para alcanzar la santidad consiste en responder a esa Gracia de santificación que nos ayuda en nuestro Camino hacia el Cielo.

Ser santo es seguir la Voluntad de Dios con la ayuda de su Gracia. Ser santo es tratar de ser como Dios quiere que sea. Es desear lo que Dios desea para mí. Es hacer lo que Dios quiere que yo haga. Es reconocer a Dios como nuestro Dueño y no creernos independientes de El. Es preferir la Voluntad de Dios en vez de la mía. Es decir “sí” a Dios y decirme “no” a mí mismo.

Decíamos que la Santidad es posible, pero que no es fácil. Y en el Evangelio de hoy vemos descrito el Camino de la Santidad como el Camino de las Bienaventuranzas. Allí nos dice el Señor que el sufrimiento es parte del Camino de Santidad.

Todas las Bienaventuranzas nos muestran que el Camino de Santidad es un camino de sufrimiento, pues aún las que no se refieren directamente al sufrimiento, indirectamente lo incluyen, pues para ser misericordiosos, mansos, puros de corazón y pacíficos, debemos luchar contra nuestra propia voluntad y aceptar con serenidad situaciones difíciles que nos hacen sufrir. El sufrimiento no nos gusta, pero está incluido en el Camino de Santidad.

La vocación de todo bautizado es la Santidad. Esa es nuestra misión en la vida. Pido a Dios que nos conceda asumir esa vocación y trabajarla día a día. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


Homilía en la Solemnidad de todos los Santos - 2011

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS - 2011

Lecturas: Apocalipsis 7,2-4.9-14. // Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6. // Epístola I de San Juan 3,1-3. // Mateo 5,1-12a.

Celebramos hoy la Solemnidad de todos los Santos. Las Lecturas de hoy nos indican una meta y un camino... La meta: nuestra salvación... El Camino que nos lleva a esa meta es el Camino de la Santidad, el Camino de las Bienaventuranzas que nos relata el mismo Jesucristo en el Evangelio de hoy . (Mt. 5, 1-12)

“La marca con el sello en la frente” que recibirán los salvados y de la cual nos habla la Lectura del Apocalipsis (Ap. 7, 2-4 y 9-14) es para ”los servidores de nuestro Dios”, como también lo dice esa Primera Lectura. ¿Y quién es “servidor de Dios”? Aquél que cumple la Voluntad de Dios, aquél que busca hacer la Voluntad de Dios y no su propia voluntad. Ya en esto de ser “servidores” de Dios, vamos viendo cómo es el Camino de la Santidad, ese Camino que nos lleva a la salvación, que nos lleva a la felicidad eterna en el Cielo. Ser servidor es ser “esclavo”, aunque ahora no se lleva mucho ese vocablo por su significación sociológica. Pero ¡qué apropiada es esa palabra para la vida espiritual!

El esclavo es aquél que no tiene voluntad propia, sino que hace lo que su dueño le indica y le pide. Eso es lo que han sido los Santos: “servidores de Dios”. Eso es lo que han hecho todos los Santos con “S” mayúscula, reconocidos por la Iglesia como Santos. Y es también lo que han hecho todos los santos anónimos que hoy recordamos en esta Solemnidad de Todos los Santos.

Ellos han seguido el Camino... y nosotros también estamos llamados a seguirlo: Todos - sin excepción. Todos estamos llamados a ser Santos. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, basándose en el llamado de Cristo: “Todos los fieles de cualquier estado o régimen de vida son llamados a la santidad”.

Pero la palabra “santidad”, a veces nos intimida y hasta nos asusta, porque nos parece ¡demasiado! Sin embargo, recordemos que no sólo es posible llegar al Cielo, sino que es ése el deseo de nuestro Padre Dios y de Jesucristo, Su Hijo, y de Su Santo Espíritu. Para eso hemos sido creados por Dios Padre, para eso vino Jesucristo a redimirnos, para eso contamos con todas las gracias del Espíritu Santo.

La santidad es una exigencia evangélica que nos recuerda el Magisterio de la Iglesia.

“Sed perfectos como Mi Padre es perfecto” (Mt. 5, 48).

“Así como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta” (1a.Pe. 15).

“Todos los fieles de cualquier estado o régimen de vida ... son llamados a la santidad” (Catecismo de la Iglesia Católica #2013).

Pero nos parece la santidad algo inalcanzable. ¿Y por qué lo ha de ser? ¿Por qué? ¿No somos nosotros exactamente iguales a todos los que han llegado a ser Santos? ¿No somos iguales a tantos santos anónimos, tal vez personas conocidas nuestras, y hasta parientes o familiares, que han respondido al llamado del Señor a seguir Su Camino, para llegar a la meta de la salvación?

Sepamos que la santidad para cada uno de nosotros no es imposible: es perfectamente posible. Eso sí: lo que no se ha dicho es que sea fácil. Eso no lo ha dicho nadie. La Santidad no es fácil. Es un camino difícil. Pero no por difícil es imposible. Sabemos que Dios nos quiere santos. Y si nos quiere santos, sabemos que El nos da todas las gracias, es decir: todas las ayudas que necesitamos para serlo.

¿Qué se requiere entonces para ser santos? Si Dios nos da la Gracia, ¿qué es lo que nosotros debemos poner? ¿En qué consiste nuestro esfuerzo? Nuestro esfuerzo para alcanzar la santidad consiste en responder a esa Gracia de santificación que nos ayuda en nuestro Camino hacia el Cielo.

Ser santo es seguir la Voluntad de Dios con la ayuda de su Gracia. Ser santo es tratar de ser como Dios quiere que sea. Es desear lo que Dios desea para mí. Es hacer lo que Dios quiere que yo haga. Es reconocer a Dios como nuestro Dueño y no creernos independientes de El. Es preferir la Voluntad de Dios en vez de la mía. Es decir “sí” a Dios y decirme “no” a mí mismo.

Decíamos que la Santidad es posible, pero que no es fácil. Y en el Evangelio de hoy vemos descrito el Camino de la Santidad como el Camino de las Bienaventuranzas. Allí nos dice el Señor que el sufrimiento es parte del Camino de Santidad.

Todas las Bienaventuranzas nos muestran que el Camino de Santidad es un camino de sufrimiento, pues aún las que no se refieren directamente al sufrimiento, indirectamente lo incluyen, pues para ser misericordiosos, mansos, puros de corazón y pacíficos, debemos luchar contra nuestra propia voluntad y aceptar con serenidad situaciones difíciles que nos hacen sufrir. El sufrimiento no nos gusta, pero está incluido en el Camino de Santidad.

La vocación de todo bautizado es la Santidad. Esa es nuestra misión en la vida. Pido a Dios que nos conceda asumir esa vocación y trabajarla día a día. Que Dios os bendiga a todos.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


domingo, 30 de octubre de 2011

El Purgatorio


En vísperas de las festividades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos os queremos recomendar un artículo del padre Pedro Trevijano, titulado el Purgatorio, y publicado en Religión en Libertad en el que se expone de manera sintética, clara y sencilla esta realidad de nuestra fe que muchos intenta obviar.

El Purgatorio


En vísperas de las festividades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos os queremos recomendar un artículo del padre Pedro Trevijano, titulado el Purgatorio, y publicado en Religión en Libertad en el que se expone de manera sintética, clara y sencilla esta realidad de nuestra fe que muchos intenta obviar.

«Haced lo que os dicen»

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A

Lecturas: Malaquías 1,14b.2,1-2b.8-10 // Salmo 131(130),1.2.3. // Tesalonicenses 2,7b-9.13. // Mateo 23,1-12

Queridos hermanos y hermanas:

Las Lecturas de hoy se refieren muy especialmente a aquéllos que tienen responsabilidad dentro de la Iglesia, quienes con su ejemplo y su predicación deben guiar al pueblo de Dios.

La Primera Lectura del Profeta Malaquías (Ml. 1, 14; 2, 2,8-10) es una dura advertencia a los Sacerdotes de esa época por su mal comportamiento y por la predicación de falsas doctrinas: “ Se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví ... no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad”. El profeta Malaquias advierte de parte de Dios sobre la obligación de los ministros del altar de ser fieles a la doctrina del Evangelio y de la Santa Madre Iglesia. El Señor nos advierte a los pastores que la obra de la redención es un tesoro que ha puesto en nuestras manos pero que no es de nuestra propiedad. Es obra de Dios, es Dios quien la hace. Muchas veces caemos en la tentación de creer que es obra nuestra, que es nuestra palabra, nuestra simpatia, nuestra saber hacer...el que procura la Salvación. El que así piense está totalmente equivocado, está claro que sólo Dios salva, sólo Dios perdona, sólo Dios Santifica... es verdad que lo hace por medio de los ministros del altar, pero es Dios quien lo hace.

La Palabra de Dios de este domingo es muy clara y muy exigente con los sacerdotes, hoy nos toca a nosotros ponednos en la presencia de Dios y saber reconocer nuestros fallos. Es también necesario que el pueblo fiel sepa discernir claramente lo que es obra de Dios y lo que es obra humana. No podemos echar la culpa de todo a los sacerdotes ni tampoco echar la culpa de todo a los fieles.

Jesús en el Evangelio de hoy, insiste en la necesidad de ser buenos pastores. Evitando en la medida de lo posible los comportamientos, actitudes y palabras que puedan apartar a la gente. Pero el Señor nos da una lección encomiable hoy: "La obediencia". Nosotros, normalmente, cuando no nos gusta nuestro párroco, nuestro obispo, nuestro Papa...solemos desobedecerles...pasamos de ellos... Decimos y justificamos todos nuestros errores por sus errores. Jesús, en el Evangelio de hoy, después de dejar claro que debemos ser buenos ministros de Dios dice algo muy importante: "haced lo que os dicen". Aunque podamos creer que los ministros de Dios no cumplan bien con su misión, no hagan lo que dicen, sin embargo eso no nos autoriza a hacer nosotros lo que nos de la gana. Jesús los criticó, puso en su sitio al sanedrín, a los escribas, a los maestros de la ley...pero les reconoció su autoridad , reconocio que habian sido puestos por su Padre y les obedece y ACEPTA su condena a muerte. Esos mismos que Jesús había puesto en su sitio, a esos mismos Cristo les obedece aceptando que sean ellos los que decidan condenarlo a muerte. Y no se revela, no los echa, no los expulsa...acepta humildemente su condena...

Es verdad que el Señor hoy es muy claro y muy duro con nosotros los sacerdotes, que nos exige santidad de vida, esfuerzo, entrega, amor.. pero también nos deja muy claro nuestro deber, de todos, de obedecer a Dios en su Iglesia: al Papa, los Obispos y Párrocos.

Quiero hoy terminar mi reflexión pidiendo a todos que recéis por mi, para que sea el Sacerdote que vosotros os merecéis, que no caiga en los fallos que hoy denuncia Jesús en el Evangelio, que procure el bien de todos. Rezad por mi para que sea un Santo Sacerdote. Gracias de Corazón por vuestras oraciones y PERDÓN de corazón por mis fallos, ruego que sepáis disculpar los fallos que mi debilidad me han hecho cometer. Perdonadme, de corazon os lo pido.

Que Dios os bendiga y os conceda un maravilloso día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


«Haced lo que os dicen»

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A

Lecturas: Malaquías 1,14b.2,1-2b.8-10 // Salmo 131(130),1.2.3. // Tesalonicenses 2,7b-9.13. // Mateo 23,1-12

Queridos hermanos y hermanas:

Las Lecturas de hoy se refieren muy especialmente a aquéllos que tienen responsabilidad dentro de la Iglesia, quienes con su ejemplo y su predicación deben guiar al pueblo de Dios.

La Primera Lectura del Profeta Malaquías (Ml. 1, 14; 2, 2,8-10) es una dura advertencia a los Sacerdotes de esa época por su mal comportamiento y por la predicación de falsas doctrinas: “ Se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví ... no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad”. El profeta Malaquias advierte de parte de Dios sobre la obligación de los ministros del altar de ser fieles a la doctrina del Evangelio y de la Santa Madre Iglesia. El Señor nos advierte a los pastores que la obra de la redención es un tesoro que ha puesto en nuestras manos pero que no es de nuestra propiedad. Es obra de Dios, es Dios quien la hace. Muchas veces caemos en la tentación de creer que es obra nuestra, que es nuestra palabra, nuestra simpatia, nuestra saber hacer...el que procura la Salvación. El que así piense está totalmente equivocado, está claro que sólo Dios salva, sólo Dios perdona, sólo Dios Santifica... es verdad que lo hace por medio de los ministros del altar, pero es Dios quien lo hace.

La Palabra de Dios de este domingo es muy clara y muy exigente con los sacerdotes, hoy nos toca a nosotros ponednos en la presencia de Dios y saber reconocer nuestros fallos. Es también necesario que el pueblo fiel sepa discernir claramente lo que es obra de Dios y lo que es obra humana. No podemos echar la culpa de todo a los sacerdotes ni tampoco echar la culpa de todo a los fieles.

Jesús en el Evangelio de hoy, insiste en la necesidad de ser buenos pastores. Evitando en la medida de lo posible los comportamientos, actitudes y palabras que puedan apartar a la gente. Pero el Señor nos da una lección encomiable hoy: "La obediencia". Nosotros, normalmente, cuando no nos gusta nuestro párroco, nuestro obispo, nuestro Papa...solemos desobedecerles...pasamos de ellos... Decimos y justificamos todos nuestros errores por sus errores. Jesús, en el Evangelio de hoy, después de dejar claro que debemos ser buenos ministros de Dios dice algo muy importante: "haced lo que os dicen". Aunque podamos creer que los ministros de Dios no cumplan bien con su misión, no hagan lo que dicen, sin embargo eso no nos autoriza a hacer nosotros lo que nos de la gana. Jesús los criticó, puso en su sitio al sanedrín, a los escribas, a los maestros de la ley...pero les reconoció su autoridad , reconocio que habian sido puestos por su Padre y les obedece y ACEPTA su condena a muerte. Esos mismos que Jesús había puesto en su sitio, a esos mismos Cristo les obedece aceptando que sean ellos los que decidan condenarlo a muerte. Y no se revela, no los echa, no los expulsa...acepta humildemente su condena...

Es verdad que el Señor hoy es muy claro y muy duro con nosotros los sacerdotes, que nos exige santidad de vida, esfuerzo, entrega, amor.. pero también nos deja muy claro nuestro deber, de todos, de obedecer a Dios en su Iglesia: al Papa, los Obispos y Párrocos.

Quiero hoy terminar mi reflexión pidiendo a todos que recéis por mi, para que sea el Sacerdote que vosotros os merecéis, que no caiga en los fallos que hoy denuncia Jesús en el Evangelio, que procure el bien de todos. Rezad por mi para que sea un Santo Sacerdote. Gracias de Corazón por vuestras oraciones y PERDÓN de corazón por mis fallos, ruego que sepáis disculpar los fallos que mi debilidad me han hecho cometer. Perdonadme, de corazon os lo pido.

Que Dios os bendiga y os conceda un maravilloso día del Señor.

Tomás Pajuelo Romero.
Párroco


sábado, 29 de octubre de 2011

Horario de misas en el día de los Fieles Difuntos

El día 2 de noviembre, con motivo de la celebración del día de los Fieles Difuntos se celebrará la Santa Misa en nuestra parroquia a las 18'00 h. y a las 20'00 h.

El día 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos y día de precepto, se celebrará la Santa Misa a las 10h, 12h y 20h, como todos los domingos.

Horario de misas en el día de los Fieles Difuntos

El día 2 de noviembre, con motivo de la celebración del día de los Fieles Difuntos se celebrará la Santa Misa en nuestra parroquia a las 18'00 h. y a las 20'00 h.

El día 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos y día de precepto, se celebrará la Santa Misa a las 10h, 12h y 20h, como todos los domingos.